Lagom

¡Buenas tardes queridos!
Como os prometí hace unos días, aquí estoy con la primicia… ¡porque dicen que Lagom va a dar mucho de que hablar este año!
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Recordaréis que hace relativamente poco estuvo muy de moda todo lo relacionado con el “Hygge” danés, definido como el secreto de la felicidad de Dinamarca, como “lo acogedor”. El término surgió de una palabra noruega que significa bienestar, empezó a utilizarse hace relativamente poco -en el siglo XIX-, y muchos lo visualizamos rememorando tardes de invierno acurrucaditos en un sofá con ropa cómoda, tomando una taza de nuestra bebida favorita mientras leemos/vemos una peli/etc… La idea es relajarse y sentirse “en casa” tanto como sea posible, olvidándose de las preocupaciones de la vida, y eso se puede extrapolar a cualquier espacio en el que pasemos tiempo (oficina, espacios de ocio) con pequeños detalles que consigan que el lugar sea cálido, íntimo, con pequeñas cosas que nos resulten agradables, placenteras.
Con semejante descripción queridos, es lógico querer subirse al carro del hygge ¿verdad? 😉
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Bueno, pues como os comentaba en Facebook (https://es-es.facebook.com/cuatroenmimochila/) parece que este término empieza a sustituirse por el “Lagom” sueco, con algunas similitudes, y otras muchas diferencias. ¿Queréis saber en qué consiste?
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LAGOM
Aunque se desconoce exáctamente cuándo y cómo nació el concepto de lagom, hay textos suecos del siglo XVII que ya hacen referencia a “lag”, que se traduce como ley o equipo. Y ya a partir de ahí existen varias teorías sobre la evolución de esta palabra hasta llegar a lagom (y ahí ya no vamos a entrar, queridos, que me enrollo jejeje).
¿Y qué significa lagom? Pues queridos, significa básicamente “lo justo”. No la mitad, no el promedio, no la autocomplacencia. Lagom es moderación, es cuidado, es… pues eso, lo justo.
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Si profundizamos un poco más en lagom, queridos, podemos llegar a admirar la riqueza de este concepto. Porque lagom es como las tarjetas de crédito ¡personal e intransferible! Para mí, puede ser lagom tomarme una caja de galletas (ahora con la lactancia ¡seguro!), y para ti un cafelito con una pasta. Si es lagom, queridos, ambos tomaremos las galletas de forma consciente (muy mindfulness 😉 ), quedaremos satisfechos aunque no empachados, e incluso habremos hecho previamente una elección de las galletas muy cuidadosa, buscando el sabor, pero también el autocuidado y el cuidado del planeta.
Como veis, lagom puede crecer y crecer y crecer… hasta abarcar todas las facetas de nuestra vida. ¿Más ejemplos?
En casa, pocos muebles, bien elegidos y sostenibles. Ambientes acogedores, auténticos, muy a nuestro gusto y nada abarrotados. Frescura y luz, cariño en los detalles estudiados.
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En la ropa, ser realmente consciente de nuestro vestuario. No tener ropa “porque sí”, sino prendas que realmente usemos, de tejidos naturales y de calidad. ¡Incluso ropa heredada o de segunda mano! Lagom no está reñido con los presupuestos ajustados, ¡todo lo contrario! Busca despertar nuestra creatividad, y que analicemos otras alternativas… ¿qué tal alguna clase de costura para reutilizar prendas? 🙂
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En el trabajo, en las relaciones sociales, lagom también busca la mesura. Se busca la cooperación y eficacia en el desempeño de nuestra profesión, cumpliendo los horarios establecidos (por si no lo sabéis, queridos, en los países más al norte, lo de quedarse hasta las tantas en la oficina está mal visto ¡propio de personas poco centradas en su trabajo y desorganizadas!). No se juzga ni se busca la justificación, no son necesarias las “florituras” para venderse. Trabajo bien hecho, y punto. Las reuniones sociales tampoco son un alarde de poderío, y no se busca la comparación ni el derroche. Simplemente estar a gusto (si es al aire libre, mejor)en un ambiente sencillo. ¿Las críticas? Mejor guardarlas. ¿Los elogios? Escasos. Y siempre el respeto, corresponder al otro, y forjarse su lugar.
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Lagom y nuestra cultura.
Bueno queridos, llegados a este punto ¿cómo aplicar lagom en nuestra vida? ¿es compatible lagom y nuestra forma de ver las cosas? Habitualmente vemos que los países nórdicos y los que vivimos al sur de Europa podemos llegar a tener comportamientos (o así lo percibimos o nos lo muestran) opuestos: en el norte, gente “seria”, más fría y comedida -¿muy lagom?-. En el sur, los amantes de la siesta, la familia, el jolgorio. Son topicazos injustos para ambas culturas, pobretones, ¡e inciertos!
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Nuestro país, además, es tan rico y variado que podemos encontrar estas dos formas de ver la vida -norte y sur-, por lo que lagom puede estar muy interiorizado en nuestra forma de ser ¡y nosotros sin caer en la cuenta! 😉
Mirad, queridos, a mí lagom me recuerda a la sobriedad y el saber estar típicamente castellanos. Me evoca la Semana Santa en Castilla y León, con sus pasos sencillos e intensos, en contraposición a la andaluza, rica, vivida con pasión, efusiva y colorida… ¿Me entendéis, queridos?
Al final, da igual de dónde llegue la filosofía de vida, y si está o no de moda, si es más exótica y cool o no (¿quién recuerda el “hakuna matata”?). Podemos encontrar coherencia en Hygge, Lagom, y la cultura mediterránea “de manual”… Y de eso se trata, queridos, no tanto de memorizar el libro de turno y cambiar, sino de enriquecernos siendo siempre nosotros mismos, trabajar nuestra felicidad, y trasmitirla.

“Hay belleza que ver y disfrutar. Hay luz que captar y mostrar. Hay vida que vivir. Y entre todo el caos y todo el embrollo de la vida, tiene algo bonito encontrar lagom. Donde todo tiene su sitio. Momentos robados de descanso y equilibrio. Y hasta una sensación de paz”
Jonathan Simcoe, diseñador y fotógrafo.

Hasta la semana que viene queridos, ¡besos mochileros… y lagom! 🙂

(Imágenes: fuente Google
El libro: Lagom, el secreto sueco de la buena vida
Lola A. Akerström, Ed. Urano)

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Simplifica

¡Buenas noches queridos!
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Os adelantaba el viernes pasado que este post iba sobre los famosos picnics mochileros… ¡Pero esta semana ha sido imposible! Entre la enfermería, el fin de semana tan intenso, los protagonismos y los talleres, además de intentar que la mochila no pereciera bajo los efectos del poco cuidado, ni picnic, ni picnoc. 😉
Así que en lugar de recetas de comer, vamos con un post de recetas de esas de organizarnos (por dentro y por fuera)

Los que me conocéis, sabéis que tanto por circunstancias personales como por el meollo familiar, soy un tanto friki de la organización y limpieza de la casa. Me afecta, y mucho, el desorden -¡y la suciedad ni os digo!-. Ya no me resulta tan complicado seguir unas rutinas con la de horas que paseamos por ahí (¿lo recordáis queridos? ¡Cuatro horas, sólo en trayectos cole-mochila!) y también estamos terminando de gestionar todo lo que quedó en la antigua mochila… y que no cabe en Villa Gotelé ni queriendo (y ahí otra decisión bien tomada, y otro aprendizaje). ¡Pero queda tanto por hacer, siempre quedan tantas cosas!
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Maternidad y burnout

Queridos, ya os hablé hace muuuucho tiempo del famoso síndrome del quemado (burnout). Pero hace relativamente pocos días, volvió a mí en forma de comentarios en distintas páginas de maternidad que sigo, y que también oigo en las puertas del cole. Todo en la misma sintonía, y seguramente con frases que os sonarán. ¡No llego a más! ¡Es que estamos todo el día de un lado para otro! Tengo millones de tareas pendientes, grandes y pequeñas, y ya no puedo. ¡Y encima me ha tocado tener niños inquietos, mira que les llevamos a cientos de actividades, no pueden parar! Y la de ahora mismo: ¡qué ganas tengo de que termine el cole para que empiecen con los campamentos de verano!
Queridos ¿soy yo la única que alucina con este grado de tensión, de prisas? Mira que también en la mochila nos toca azuzar de vez en cuando a los numeritos (por no decir a diario, jejeje) ¡Los zapatos! ¿Te lavaste los dientes? ¡Corre, corre, que no llegamos a tiempo! Pero una cosa es que por las mañanas nos cueste más o menos arrancar… y otra muy distinta es llevar este ritmo tooooooodo el día. ¡Cómo no vamos a estar estresados, quemados, o lo que queráis queridos!
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Orden y limpieza

Y fijaos qué curioso, en mis páginas favoritas de organización (¿os hago algún día una revisión de esas páginas, a ver qué os parecen y si os resultan útiles?)y en los grupos ¡aparecen los mismos comentarios!
En resumen: hay mucho que hacer/muchas cosas que gestionar… ¡y muy poco tiempo!
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¡Socorro!
Queridos, si todo esto os suena muy familiar, ahora viene cuando lo terminamos de rematar… ¡porque esto puede ser peor! ¿Por qué? Pues porque si esto ya pasa con nuestra parte de vida en la que (creemos) tenemos cierto control, ¡imaginaos si ocurre cualquier imprevisto! ¡El despatarre puede ser total!

¿Entonces qué hago?
Mirad queridos, os pongo un ejemplo de nuestra mochila esta misma semana, para que veáis que la vida es así para todos, aquí no hay historias idílicas ni perfectas, sino reales ¡afortunadamente! 😉

No hijos, mamá no es “multi-tasking” (aunque lo intente).
-¡Mamá! Al final tengo dos papeles en la obra de teatro (Peter Pan): soy el cocodrilo y un niño perdido ¡y me tienes que preparar tú los disfraces!
-¡Mamiiii! Soy la protagonista esta semana, ¡tienes que hablar con la seño, preparar el almuerzo, y el regalo, y las fotos en la cartulina!
-¡Mamá! ¿Te acuerdas del bocadillo solidario? ¿Y de San Isidro? ¿Ya tenemos los trajes?
-¡Mamá! ¿Tú sabes bailar el chotis? Es que tengo que ensayar…
-¡Mamá! ¿Te canto mi chotis del agua? ¡Ay, espera, que me voy a vomitar!
-¡Mamiiii! Que mi hermano me ha quitado un moco, ¡y se lo ha comido! ¡Y yo lo queríaaaa!
-¡Aguuuuu! ¡Buaaaaa!

Queridos, este tipo de conversaciones lo tenemos a diario. Y si sumamos los cumpleaños (los que no se me olvidan ¡ups!), las excursiones, actividades de fin de semana (como ir a acampadas de los scouts o viajes, por ejemplo)y demás, pues aquí al final sale de todo. Y hay días en que dices ¡el mundo por montera! Y otros en los que te pides bajar de él…
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Pero como se suele decir, lo que te pasa es importante, pero es más importante lo que haces con lo que te pasa. ¡Vamos allá! 🙂

Menos es más.

Queridos, os comentaba antes que Villa Gotelé ha supuesto un cambio muy grande con respecto a nuestra forma de vivir. Vale, estar aquí en Madrid nos ha cambiado mucho los esquemas, pero lo que viene a cuento es la mochila…
¡Prácticamente se ha reducido a la mitad!
Me podréis preguntar cómo se hace éso,cómo gestionamos lo de arriba, y la respuesta es muy sencilla: SIMPLIFICA.
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Simplifica pero de verdad, es decir, valora realmente qué necesitas para vivir, y qué es accesorio. Queridos, mantener una casa, y estar realmente a gusto, pasa por tener pocos trastos. ¡Más rápido todo, y más tiempo libre!
Podemos aprovechar la tan instaurada “limpieza de primavera” para donar, vender, o directamente tirar cosas. Porque ¿hace falta que tengamos 12 pares de zapatos, o 10 abrigos? ¿Ese aparato que queremos arreglar hace años… realmente lo vamos a hacer? ¿Esos libros que hemos leído 20 veces, es necesario quedárnoslos?

Simplifica también significa poner en orden e interiorizar las rutinas diarias. Valorar qué tareas debemos hacer a diario/semanalmente/cada mes, etc y cómo lo vamos a hacer.
En ese sentido queridos, aquí hemos añadido 😉 ¡Ahora tenemos a Mari Pili! ¡Y nos gusta tanto que hemos comprado otra para Santa madre! Y para que no flipéis os aclaro: Mari Pili es una aspiradora-escoba sin cable, que en la mochila está haciendo furor. Y no, no es la Dyson (que cuestan una pasta) pero está muy apañada, y lo más importante, tiene filtro HEPA para que no me dé un arrechucho con el tema del polvo y los ácaros. La decisión de poner una Mari Pili en nuestras vidas también fue muy meditada, analizando pros y contras, y la verdad es que la usamos muchíiiiiisimo. ¡Mayores, y numeritos también!
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Simplifica también significa aceptar que las cosas se deben ir haciendo de una en una, y esforzarnos por empezar… y terminar lo que hacemos. Que es importante planificar, listar, o el método que mejor nos vaya -para no olvidar las tareas muy relevantes- y también delegar con las pequeñas. Que priorizar, tener claros nuestros valores y límites, puede suponer una gran diferencia. Como ejemplo queridos, la siguiente reflexión: “¿Vives para trabajar o trabajas para vivir?”
En la mochila, lo hemos dejado así: disfraces del teatro -aplazado por enfermería-, las cosas de la semana del protagonista -a una por día, organizadas y terminadas para el día anterior (por si surgía algún imprevisto)-, los chulapos -comprados en un chino-, el chotis -youtube ¡yo no sé, qué le vamos a hacer jeje!-, la enfermería -cuidados, mimos y paciencia-, y el moco… ¡a reírse un buen rato! XD

Simplifica significa además dejar tiempo para respirar, para vivir un poco. En ocasiones llenamos la agenda hasta lo inimaginable. La nuestra, y la de los niños. ¿Es necesario que tengan un horario de más de 8 ó 10 horas de actividades? ¿Realmente mejorará su futuro si va a kárate, guitarra, natación, fútbol, repaso, yoga y cien cosas más? ¿Cuándo van a tener tiempo para ir a un parque, o al bosque, sencillamente a respirar, a jugar libremente, a disfrutar plenamente de nuestra compañía? ¿Cuándo pueden ser niños?
Ayer mismo leía un artículo de opinión en el que se afirmaba que los niños de hoy en día presentan un montón de síntomas compatibles con un déficit de atención e hiperactividad, que no correspondían con padecer un trastorno establecido ¡sino con una vida excesivamente estructurada!
Os dejo este vídeo, que creo ya compartí, pero que refleja muy bien lo que comentamos

Así que, queridos, simplifica sería también frenar un poco… Menos es más también quiere decir menos velocidad para vivir conscientemente, para darnos cuenta de lo que estamos haciendo, y con quién. ¡Y para eso, nada mejor que la práctica de mindfulness!
En la mochila, en ese sentido, también vamos progresando. Hemos encontrado un parque estupendo en el que jugar, pasar el día, y también participar en actividades toda la familia -si nos apetece-. ¡Y en breve termina el cole por la tarde, así que dispondremos de más tiempo libre para salir a que nos dé el aire! La naturaleza, el contacto con el verde 🙂 es necesario, me atrevo a decir que vital para nuestra salud. ¡Y ahora es el momento propicio, con los días más largos y una temperatura muy apetecible! Eso sí, si decidimos salir con la familia, que no haya aparatos de por medio… que las nuevas tecnologías nos faciliten la vida, y no interfieran en ella. ¿Qué opináis queridos? ¿Sois de los de salir al campo y desesperarse porque no os llegan los datos, o de los de dejar el móvil aparcado -sólo por si hay alguna emergencia-?
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Queridos, simplificar y frenar, detenerse un ratito en el camino a observar y a disfrutar. ¿Es un reto? ¿Real o utópico? ¿Necesario o no?
Os dejo con estas reflexiones, esperando os sirvan para valorar vuestra meta, vuestro propósito vital, y os invito a comentar cómo lo percibís vosotros. Como siempre, queridos, el buzón de la mochila os espera, y yo también. Con cariño, agradecimiento, y las puertas de la mochila bien abiertas. ¡Os espero la semana que viene, esta vez sí con menús saludables para picnic -o para llevar al trabajo-! 😉

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Levadura de mis amores (parte II)

¡Buenos días queridos!
Hoy viernes hacemos un último repaso a esto de la masa madre, que ya sabéis “lo poco gusta y lo mucho cansa” 😉
¿Algún intrépido mochilero se ha animado con la mascota?

Las recetas de hoy son recetas digamos intermedias… Ni tan facilonas como la pizza, ni tan trabajosas como el pan (lo de trabajosa lo digo por los 10 minutos de amasado que os comentaba, personalmente no creo que sea para tanto) 🙂

Empezaremos con unos riquísimos English muffins, que son básicamente unos bollitos neutros que te sirven para casi de todo (desde comerse tal cual hasta rellenarlos y enviar a los peques al cole más contentos que unas pascuas).
Y luego haremos un aperitivo muy rico y resultón: ¡crackers! Tan personalizables como queráis queridos, y también una delicia.

1.-English muffins.
Queridos, para esta receta probé tres versiones diferentes, cada una con unos ingredientes y texturas diferentes. Y me quedo con la más sencilla. Panecillos hechos en sartén. Punto. Lo bueno que tiene esta receta, es que casi no se amasa (sí queridos, ¡tal cual!), así que una complicación menos. ¿Lo malo? Tienes que pringarte un poco más los dedos, porque la masa es un pelín pegajosa. ¿Queréis saber más?
Ahí van los ingredientes:
1 taza de masa madre
2 tazas de agua/leche/bebida vegetal
4 tazas de harina (nosotros hemos usado mitad trigo, mitad espelta)
En una primera fase mezclaremos estos ingredientes, cubriremos y dejaremos reposar unas 8 horas (como os decía la semana pasada, lo hacemos por la noche y lo tenemos listo a la mañana siguiente… ¡menudo desayuno! 😉 )
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Una vez la masa ha reposado, añadimos dos cucharadas de sal, y otras dos de bicarbonato -¡pero si no tenéis, no pasa nada! El bicarbonato añade un poco más de gas a la masa, y salen quizá un pelín más esponjosos, pero no es imprescindible-.
Mezclamos otra vez, muy bien para que se integre todo. Nos quedará una masa bastante pegajosa queridos, ¡es así! Ahora toca pringarse bien los dedos e ir cocinando los muffins.
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Pondremos un poco de mantequilla/margarina vegetal/aceite (a nosotros nos gusta más con margarina vegetal) en una sarten y calentaremos bien. Vamos añadiendo la masa -más o menos a tamaño puñao, jejeje-, con lo que nos saldrán unos 12 muffins. Bajaremos el fuego y lo dejaremos cocinar durante unos 7 minutos. Si habéis probado a hacer tortitas, es más o menos lo mismo… veréis cómo empiezan a salir unas burbujitas. La prueba definitira es tocar el borde del muffin, si no se pega, es momento de darle la vuelta. Esperaremos otros 5 minutos ¡y a preparar otra tanda!

Y ahora queridos, ¡viene lo más difícil! ¿Lo tomáis caliente, templado o frío? ¿Relleno, o sin rellenar? ¿Dulce o salado? ¿Lo hacéis un poco a la plancha, abierto por la mitad, o lo dejáis sin tostar? ¡Ay, queridos, las combinaciones son infinitas! ¡Ya me contaréis! 😉

2.-Crackers
Para finalizar, una receta muy muy fácil… ¿Os acordáis del pan? Pues es algo parecido ¡pero sin apenas levar! Apuntad, queridos:
1 taza de masa madre
2 tazas de harina
1/2 taza de agua
Sal y especias al gusto
Vamos a mezclar todos los ingredientes, añadiendo un poco más de agua si lo veis necesario, hasta obtener una mezcla con la consistencia de la masa de pan (elástica, suave y manejable).
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Dividiremos esta masa en dos porciones, y aplanaremos cada una sobre una bandeja de horno, lo más finita posible. Nosotros preparamos una bandeja con sal, y otra con sal, ajo y perejil.
Marcamos con un cuchillo haciendo cuadraditos o rectángulos -ya que es lo más sencillo-.


En cuanto estén listas las bandejas, encenderemos el horno a 200 grados y esperaremos a que esté bien caliente antes de introducir la masa. Hornearemos a esta temperatura durante unos 20 minutos, hasta que estén bien doraditos y crujientes.
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Sólo queda enfriar los crackers encima de una rejilla, y romperlos en las porciones que previamente hemos marcado con el cuchillo. ¡Y a disfrutar!
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¡Bueno queridos! ¿Qué os parece? ¿Lo intentaréis y me contáis? ¡Seguro que con vuestro toque particular quedan espectaculares, id comentando porfa!
Y para la semana que viene… ¿os apetece ir de picnic? 🙂 🙂 🙂
Besos mochileros, feliz fin de semana

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Levadura de mis amores (parte I)

¡Buenas tardes queridos!
Dedicamos el post de hoy a un par de recetas con masa madre… ¡y el próximo viernes otras dos! 😉
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Como os comenté la semana pasada, se necesitan aproximadamente unas dos semanas para tener una masa madre en condiciones. Y es verdad que cuando vemos que la cosa sale, y que pasan los días, nos empieza a recorrer un qué se yo por el estómago… ¿y ahora qué hago con esto? Porque seguramente ya habremos buscado con anterioridad cómo preparar pan con masa madre -todo un clásico-, y quizá a algunos de vosotros os dé pereza incluso empezar con este proyecto “total, para tirarme un par de días con el follón ése del pan… ahí todo liado… hala, mejor lo compro ya hecho”.

¡Pues nada más lejos de la realidad queridos! Sí es cierto que vamos a necesitar más tiempo para preparar las masas, ¡pero no hace falta que nos sintamos esclavos de ellas! Por eso os quiero presentar una serie de recetas más y menos rápidas. ¡E incluso una instantánea, os va a encantar! ¿Qué me decís, queridos, empezamos?

1.-El pan.

El pan con masa madre es LA receta por excelencia. Para eso tenían nuestras abuelas la masa madre. Y tener a la mascota, y no hacer pan, es como faltar a los ancestros… ¡así que ahí va!

Queridos, para una hogaza mediana necesitaremos:
-Dos tazas de harina (nosotros usamos esta vez espelta, pero también hemos empleado mitad trigo mitad espelta, con el mismo resultado)
-Una taza de masa madre (recordad que si la tenéis en nevera, lo primero es “despertarla” con un poco de harina y agua, y dejarla a temperatura ambiente unas cuantas horas hasta que vuelvan las burbujitas -que eso ya sabéis que significa que está contenta 😉 -. Si está a temperatura ambiente (o ya está lista después de espabilarse), simplemente se remueve un poco, se saca la cantidad deseada, y se repone al menos con la misma cantidad ¡para la próxima receta!
-Una taza de agua
-Una cucharada sopera de sal
-Una cucharadita de miel/azúcar (ésto estabiliza la masa, ayuda a su conservación, y deja un bonito color dorado en la superficie). -OPCIONAL-
-También es opcional añadir un poco de grasa en forma de ACEITE/MANTEQUILLA (o similar).
Queridos, sabed que nosotros de momento sólo hemos hecho un pan con una cucharadita de miel, para ver si notábamos una gran diferencia con respecto al pan típico -agua, harina y sal-, y la verdad es que no pudimos comprobar lo de la conservación ¡nos lo comimos enseguida!

Mezclamos muy bien los ingredientes, y dejaremos reposar durante al menos media hora. Quizá notemos que la masa está pegajosa, pero queridos recordad no añadir más harina. Trabajándola un poquito se hará más suave y manejable (si ponemos más harina obtendremos un buen mazacote en plan comestible pero te parto el cráneo si te lo lanzo). Así que, una vez pasado este primer reposo (que dicen los entendidos que sirve para que la harina coja toda la humedad), amasaremos durante unos 10 minutos y podremos comprobar cómo la masa se vuelve más elástica y tersa.

¡Y ahora empieza el tiempo de levado! Mirad, queridos, si no nos queremos comer mucho la cabeza, yo lo que os recomiendo es que amaséis por la noche, y que lo dejéis tranquilamente tapado -para que no haga costra- y levando. ¡Y nosotros a dormir, que buena falta hace! Ya la mañana siguiente hacemos lo que queda… ¿qué os parece? O si tenemos que salir pitando al trabajo, pues lo metemos en nevera -bien por la noche, bien por la mañana-, y a la vuelta seguimos. ¡Es una de las ventajas del levado con masa madre, que te da tiempo de sobra para organizarte! 🙂

En este punto, sólo nos quedará dar forma a nuestra hogaza, cortarla suavemente por encima (con un cuchillo de sierra mojado se hace fenomenal) y dejarla descansar otro poquito mientras vamos poniendo el horno en marcha. Precalentaremos a 200 grados -colocando un recipiente con agua si queremos que la costra cruja un poco más- y cuando esté bien caliente hornearemos la hogaza, unos diez minutos a esta temperatura, y otros 20-30 minutos a 180 grados. Todo según el tipo de horno, la forma de la hogaza, si habéis aumentado o no las cantidades… Queridos, el truco aquí es golpear por debajo el pan: si le damos con los nudillos y suena a hueco, ya está. ¡No os calentéis más la cabeza!
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Ahora viene la parte más difícil ¡volver a esperar hasta que enfríe! Os aseguro que cuesta mucho… ¡huele tan bien, así calentito! Pero vale la pena queridos, dejad que el pan repose un poco antes de atacar, sacará todo el sabor ¡un sabor que os sorprenderá a todos!
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2.-La pizza de masa madre.
Queridos, ahora os sorprenderé un poco… Esta receta (la última que he probado) ¡se hace en un pispás! Sólo necesitaremos masa madre, y especias al gusto. ¡Ah! Y los ingredientes para la pizza que más nos gusten. ¡Con esta receta se acabó el quejarse de lo lenta que es la masa madre! 😉
El truco aquí -ya que la masa tiene poca miga, jeje- va a estar en la bandeja del horno. ¡Tiene que estar súper caliente, ojo con las quemaduras queridos!
De esa forma quedará una masa muy crujiente. He de añadir que en cuanto pongamos la salsa y demás ingredientes de la pizza puede ablandarse un poco ¡pero no os va a decepcionar, probadlo!
Simplemente volcad la cantidad que os apetezca de masa madre en la bandeja de horno (a 200-210 grados) y extendedla para que quede lo más fina posible. Veréis cómo ya se va cocinando. Añadid sal, aceite de oliva y las especias que más os gusten, y al horno durante unos 10 minutos. Pasado este tiempo, poned en la pizza los ingredientes que más os gusten, dadle 5 minutitos más de horno ¡y a la mesa!
Os vais a reír queridos, pero ha sido tan última receta… que ni fotos me ha dado tiempo a hacer (¡las cosas del hambre!). Pero os prometo que colgaré alguna en Facebook o Instagram ¿me perdonáis el desliz?
De todas formas, os dejo el vídeo de la receta (en inglés queridos), del canal “Farmhouse on boone”. ¡Casi como si lo hubiera hecho yo, con bebé y bailoteo de por medio y todo, jejeje!

Disfrutad del puente queridos, nos vemos el próximo viernes con un par de recetas más (y lo dejo, ¡prometido!) en esta mochila, que también es la vuestra. ¡Besos mochileros!
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¡La (masa) madre que me parió!

¡Buenas tardes queridos!

Pocos días después de anunciar que sólo publicaré una vez al mes, aquí estoy ¡con las manos en la masa! Literal 😉
Al final queridos pesa mucho más el sentirme conectada con vosotros que buscar un tiempo de descanso, y también valorar quizá no ser tan exigente conmigo misma y hacer publicaciones más cortitas los viernes ¿Qué os parece?

Masa madre

Queridos, el primer recuerdo que tengo de la masa madre es de hace unos veinte años, en forma de un pegotón de color indescriptible que mi madre me enseñó toda emocionada, regalo de la panadera del pueblo -que conoce mi afición por la cocina, y las masas en particular-. Mi reacción no pudo ser más decepcionante… ¡me dio mucho asco! Y la santa madre terminó por olvidar el proyecto.
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Hasta ahora queridos, cuando la masa madre ha irrumpido con muchísima energía en la mochila, en forma de experimento educativo al principio, y ya como instrumento muy útil y saludable en la cocina.
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Mirad queridos, yo uso mucha levadura. Intento preparar comidas saludables, intentando que sean lo menos refinadas posible, y buscando productos más “puros”, es decir, con la menor cantidad de añadidos posible. Eso me lleva a amasar la mayor parte de panes, empanadas y bollería que se toman en casa. Y también vigilo así el tema de las alergias/intolerancias que seguimos teniendo en la mochila (por si no lo sabéis, nada de lácteos, ni trigo, ni azúcar refinado… y dando gracias porque ya podemos usar huevo y otros cereales con gluten). No puedo olvidar que me chifla trastear en la cocina ¡relax y creatividad, todo un lujo!
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Reconozco que la teoría sobre la masa madre me interesaba mucho, y por eso nos pusimos manos a la obra. ¿Os interesa conocer los beneficios que aporta la masa madre?
Pues atentos queridos, entre otros son los siguientes:
-La maduración lenta y gradual que se produce con la fermentación con masa madre rompe la proteína del gluten, consiguiendo un pan más digestivo.
-El aumento de ácido láctico que se produce eleva la acidez de la masa. Eso produce un pan de sabor más intenso, y aumenta el tiempo de conservación, además de permitir una mejor absorción de vitaminas y minerales por el efecto de una enzima que se llama fitasa. Este efecto aumenta si se usan harinas integrales, ricas en ácido fítico -el alimento de esta enzima-.
Así que, queridos, para resumir un poco: es cierto que con la levadura comercial (que es básicamente levadura de cerveza) conseguiremos un pan rico y con un tiempo de levado relativamente corto. Pero si el tiempo no os preocupa, y queréis tener un pan de sabor intenso, que dure días y días, y que encima se digiera mejor… ¡la masa madre es vuestra opción!
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Y ahora queridos, entramos de lleno en el meollo del asunto. Vale, quiero hacer masa madre ¿cómo lo hago?

Curso acelerado de masa madre 🙂
Queridos, lo que vais a necesitar es lo siguiente
-Un tarro de cristal (yo uso uno de conservas que compré en Ikea, de estos que tienen una goma para cerrar herméticamente, SIN la goma. También podéis usar un frasco corriente de cristal y taparlo con un paño de cocina, o con la tapa agujereada… lo que se necesita es que la masa esté aireada y protegida al mismo tiempo)
-Harina (del tipo que queráis)
-Agua (no la uséis directamente del grifo, mejor si está en una jarra o botella, que repose un poco)
-Una cuchara de madera (hay distintas opiniones al respecto, pero en la mayoría de casos se aconseja que se evite el metal a la hora de remover la masa… yo no he tenido tiempo de investigar más, así que no me ha parecido mal usar la madera)
-¡Tiempo y paciencia! Queridos, ahora que viene el buen tiempo el proceso inicial puede ser de entre 4 y 8 días, con frío va a ser mayor. ¡No desesperéis, poco a poco!

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Foto del día 1

¡Vamos allá!
Durante la primera semana queridos os recomiendo ir despacio, alimentando nuestra masa con la misma cantidad de harina y agua, que en nuestro caso fue basicamente una cucharada colmada. El primer-segundo día puede que no notéis nada, y después veréis que aparecen unas burbujitas… ¡bingo! Ahí está vuestra mascota, jejeje.


Fotos de los días 2-4

Llegado el cuarto-quinto día, podéis marcar con un rotulador la línea que forma la masa en el tarro ¿por qué? Pues porque en breve se producirán las explosiones de crecimiento de la levadura (otra razón para empezar poco a poco, siempre hay que procurar que quede espacio en el frasco -en la mochila lo dejamos siempre a la mitad-). En cuanto veáis que la masa ha subido (puede subir y bajar a las pocas horas, eso está bien), una o varias veces, ya podréis usar vuestra masa madre. ¡Ya está lista!


Fotos de días 7 y 8 (las motitas marrones son del cambio de harina blanca a integral de espelta)

De olores y aspectos
Queridos, el olor es muy característico, es ácido -peculiar- pero no es nada desagradable. ¿Sabéis qué me dijo número uno? “Mamá, huele a como cuando hacíamos vino en casa de los iaios” ¡y es muy cierto! De hecho, y es otra curiosidad, las uvas que se usan suelen llegar con un polvillo blanco que no se debe quitar… ¡es la levadura que fermenta el mosto y lo convierte en vino! ¡Y yo que pensaba de pequeña que era suciedad, y mi padre venga a decirme que no, que no podía limpiarlas antes de pisarlas! XD
También podéis ver una capa de líquido sobre la masa, o entre la superficie burbujeante y el resto. ¡Todo va bien, queridos, seguid con vuestra masa!
Mientras haya burbujitas, la levadura estará contenta 🙂
Eso sí, si aparece moho, o el olor deja de ser un tanto avinagrado para convertirse en olor a descompuesto… ¡tiradlo! Es mejor volver a empezar que lanzar a la papelera una masa que no leva y tiene pinta rara. Que no os preocupe el tema ingesta queridos, que al final en el horno se mueren todos los bichos ¿me explico?

Trampas
Queridos, aunque sólo os muestre una serie de imágenes lo cierto es que inicialmente había dos tipos de preparación. Y ahora os cuento por qué. Quise, en mi afán “científico” ver si podía conseguir tener mi cepa de levadura comercial. Y preparé una masa inoculando esa levadura (de cerveza). Bueno, como al final estaba en un recipiente aireado, la levadura natural terminó por hacerse la dueña del mambo y eliminó a su prima industrial. ¡Naturaleza al poder! Así que ya sabéis, ¡no os va servir de nada hacerme trampas, jejeje!

Conservación
Queridos, como os iba diciendo, al cabo de una semana y media o dos semanas ya tendréis una masa madre perfecta para hacer lo que se os ocurra. Y ahora pasarán dos cosas:
*que os emocionéis -como aquí en la mochila- y la uséis prácticamente a diario (entonces tendréis que aumentar la cantidad de harina y agua haciendo lo siguiente: retiráis una cantidad de masa madre, y reponéis la misma cantidad -o más- para tenerla lista el día siguiente. Yo suelo hacer recetas que requieren una taza de masa madre. Bueno, pues entonces luego añado media taza de harina y media de agua. Y si creo que voy a usar más, pues una taza de cada, y hasta mañana ¡dejando espacio libre en el frasco por si “explota”! 😉 ).
*que os guste preparar masas con la mascota, pero no a diario (fines de semana, o una vez al mes…) Pues queridos, ¡es hora de enviar la masa madre a la nevera! A temperatura ambiente se necesita alimentar la levadura a diario, o morirá. Pero el frío ralentiza sus funciones, la adormece, y puede estar perfectamente un par de meses ahí dentro, quietecita. La única precaución que debéis tener es dejar el frasco como siempre, aireado, y también sacar y alimentar un poco a vuestra masa madre el día de ANTES. Así irá despertando del letargo y cuando vayáis a usarla estará perfecta. Y una vez usada -y repuesta- podéis volver a meterla en la nevera. ¡Tan fácil queridos!
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La vida de la masa madre
Queridos, vuestra masa madre durará ¡lo que vosotros queráis! Preguntando ahora a personas que saben más que yo y que tienen su mascotita, las hay de 4, 6, 10… ¡e incluso de masas centenarias, de su bisabuela!

Animaos queridos, involucrad a los peques si los tenéis (es muy divertido), disfrutad del ritmo pausado de la vida ¡y contadme, por favor, cómo os va!
Y pensándolo ahora… ¿por qué no me enviáis alguna foto? 😉
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La semana que viene, otro post. ¡Con recetas!
Y ya sabéis que me podéis encontrar en Facebook (https://es-es.facebook.com/cuatroenmimochila/) y también en Instagram (@concuatroymasenmimochila), donde iré colgando fotos de nuestras masas favoritas ¡sois libres de pedirme alguna receta en concreto, estaré encantada de compartirla con vosotros!

Como siempre, gracias queridos por estar ahí. ¡Besos mochileros!

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At…chís!!!!

¡Buenas tardes queridos!

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Llega la primavera, pasamos los largos días de lluvia, y apetece estar más tiempo al aire libre. Así que, con toda la ilusión del mundo vamos a un parque, o a pasear… Y al poco tiempo empezamos a notar escozor en los ojos ¿se me habrá metido algo?, se nos cae “agüilla” por la nariz ¿será que los peques me han pegado el virus?, y además, todo nos PICA horrores.

¿Os sentís identificados, queridos? Pues si es así ¡seguid leyendo! Porque probablemente forméis parte del selecto grupo (en cifras generales hablamos del 15-20% de la población) que padece lo que se llama alergia estacional.

¿Qué es eso?

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La alergia estacional, a veces denominada “fiebre del heno” o “rinitis alérgica estacional”, cursa con síntomas alérgicos que ocurren durante ciertas épocas del año, generalmente cuando el moho del exterior libera sus esporas y las plantas (árboles, arbustos y hierbas) liberan diminutas partículas de polen al aire para fecundar otras plantas.

Los sistemas inmunitarios de la gente alérgica a las esporas del moho y/o al polen tratan estas partículas (denominadas alérgenos) como si fueran invasoras y liberan sustancias químicas, como la histamina, en el torrente sanguíneo para defenderse contra ellas. Es la liberación de estas sustancias químicas la que ocasiona los síntomas alérgicos.

¿Y qué síntomas presenta una persona alérgica?

Si desarrolláis un “catarro” cada año en la misma época, en especial si dura más de una semana, es bastante probable que se trate de una alergia estacional. Los síntomas de la alergia, que suelen aparecer de repente y durar mientras la persona se sigue exponiendo a su alérgeno en particular, son: TOS, ESTORNUDOS, PICOR EN NARIZ Y/O GARGANTA, RINORREA (SECRECIÓN NASAL ACUOSA) Y CONGESTIÓN NASAL.

Estos síntomas suelen ir acompañados de picor ocular y de ojos llorosos y/o enrojecidos, lo que recibe el nombre de conjuntivitis alérgica. Asimismo podéis presentar prurito (picor, picor, picor ¡por todos lados!) y enrojecimiento en zonas de piel expuestas, y ¡cuidado! lesiones por rascado. Es muy importante valorar si aparece también sensación de ahogo y sibilancias (ruidos como de pitido al respirar) y acudir al médico sin prisa pero sin pausa ya que este tipo de alergia  puede evolucionar hacia un asma alérgica.

Cuadro con diferencias entre el resfriado común y la alergia estacional (Fuente: google)

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¿Qué medidas se pueden adoptar?

Lo principal, queridos, es realizar un diagnóstico correcto. Es cierto que las alergias estacionales son bastante fáciles de identificar porque sus síntomas reaparecen año tras año tras la exposición a alérgenos estacionales, pero no debemos olvidar que lo primero que debemos hacer es acudir a nuestro centro de salud. Se nos suele pasar por la cabeza correr a una farmacia y que nos den cualquier cosa, en especial si nos pica todo el cuerpo y no paramos de llorar y moquear (ya lo sé, es muy desagradable). Pero cualquier producto que nos apliquemos o tomemos puede enmascarar los síntomas a la hora de realizar una exploración médica, así que intentemos empezar la casa por los cimientos y no por el tejado.

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Puede que nuestro médico ya nos paute un tratamiento y planifique con nosotros el seguimiento, o puede que decida derivarnos al alergólogo quien, con toda probabilidad, solicitará un PRICK-TEST.

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Queridos, esta prueba es un test cutáneo para detectar alergias. Consiste en aplicar una batería de alérgenos en forma de líquido purificado (aplican una gotita tras otra en un antebrazo siguiendo un orden concreto) y pinchar suavemente en esas áreas de la piel. Con esto, se intenta provocar –a pequeña escala- una reacción alérgica. Si es positivo, aparecerá en la zona un enrojecimiento de la zona con un bultito en el lugar del pinchazo, y presentaremos escozor y picor (generalmente en pocos minutos, ¡no os rasquéis, por favor!). Transcurrido un tiempo, se mide y cuantifica las zonas afectadas.

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Digo zonas afectadas en plural, porque se pueden dar alergias a un solo tipo de polen/moho/pelo de animal, pero son casos muy aislados (por desgracia, un 10% de todos los casos).

Con todo esto, se podrá pautar un tratamiento paliativo para la alergia estacional (de momento no existe cura definitiva, aunque en algunos casos –sobre todo en niños- da muy buenos resultados la inmunoterapia (las conocidas como inyecciones para la alergia que buscan la desensibilización al alérgeno, o sea, que nuestro cuerpo no responda de forma agresiva tras la exposición a una sustancia).

Tratamiento farmacológico (medicación)

Hay medicamentos que pueden ayudar a aliviar los síntomas alérgicos: tenemos una amplia gama de descongestivos, antihistamínicos, sprays nasales, colirios…. No me voy a extender más, queridos, ya que la elección de uno u otro debe hacerla vuestro médico, pero sí os recordaré algo que en ocasiones se nos olvida mencionar en consulta. Si os pautan un tratamiento oral, evitad tomarlo con ZUMO. ¡Sí queridos! El zumo interfiere en la absorción de algunos fármacos que alivian los síntomas de la alergia, así que recordad, dejad un margen de una hora (pre y post) toma de medicación y ahorraros pasar unos días malos porque la “medicación no hace efecto, y no sabemos por qué”. ¿De acuerdo?

Otra cosa importante que añadir, y que muchas compañías farmacéuticas venden a bombo y platillo, es que afortunadamente los fármacos para estos síntomas ya no producen la somnolencia y mareos de sus predecesores. Como en todo, se va avanzando, y no tenéis por qué ir dopados todo el día (que bastante tenemos ya con la alergia).

¿Y ya está?

Pues queridos, no. También (entono el mea culpa) se nos olvida muchas veces dar información ÚTIL  sobre el día a día con una alergia estacional. Porque en ocasiones lo que mejoramos tomando medicación lo podemos perder porque no caemos en cuenta a la hora de adoptar unas rutinas que –creedme- marcan una gran diferencia. ¡Apuntad!

1.-Identificar el alérgeno

Saber las plantas/mohos que provocan una reacción y su calendario de polinización facilitará tomar precauciones justo cuando estén en pleno auge. Os dejo un mapa con la distribución nacional de las principales plantas que provocan alergias. (Y recordad, queridos, en la mayoría de casos existe más de un alérgeno).

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2.-Niveles de polen

El recuento de polen mide la cantidad de polen que contiene el aire, de modo que puede ayudar a las personas alérgicas a saber lo malos que podrían ser sus síntomas en un día determinado. Las concentraciones de polen suelen ser superiores por la mañana y en los días cálidos, secos y ventosos e inferiores en los días fríos y húmedos (se nota enseguida cuando llueve, ¿verdad queridos?). Aunque no siempre sean exactos, los recuentos de polen pueden ayudar a planificar las actividades al aire libre. Buscad la página de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC)-Niveles ambientales de polen: https://www.polenes.com; y también encontraréis información en https://eltiempo.es y https://www.aerobiologia.com. Si preferís tener una aplicación instalada en el móvil, existe una gratuita para Android e iPhone llamada “Polen Control”

3.-Exposición

Hay que intentar reducir o eliminar la exposición a los alérgenos. Durante la estación en que se produce este tipo de alergias, se deben mantener las ventanas cerradas, utilizar el aire acondicionado a ser posible y quedarse en interiores cuando la concentración de polen sea alta (ver el punto anterior).

Cuando estemos al aire libre recordemos que es mejor llevar una manga larga finita a pasar directamente a la manga corta y rascarnos como locos. También es importante extremar las medidas de higiene e hidratación de la piel (lavado de manos y ducha con cambio de ropa tras la exposición).

4.- Estrés

Queridos, por último (pero no por ello menos importante)… ¡el estrés mantenido empeora los cuadros de alergia! Daos cuenta que el estrés provoca cambios en prácticamente todo el organismo, incluido por supuesto nuestro sistema inmune (por si queréis saber más, se libera cortisol y un tipo de proteínas que provocan inflamación). Las alergias, como hemos visto, son reacciones autoinmunes (es decir, una respuesta de nuestras defensas para protegernos que al final nos causa daños, y que cursa con inflamación). Y los dos juntos provocan, como ya habréis imaginado, el súper despatarre de las mismas, con más inflamación. ¡Mala barraca, como dicen en mi tierra!

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Así que, queridos, esta primavera intentad poner en práctica estas recomendaciones ¡y espero que notéis la diferencia! Me despido de vosotros no sin antes haceros un par de anuncios…

Lo primero de todo, disculparme y agradeceros vuestra fidelidad. Me está costando encontrar tiempo para escribir y preparar material interesante, y aunque quisiera publicar semanal o quincenalmente, creo que de momento sólo podré llevar el blog con un post al mes.

Y lo siguiente es que ¡va a haber cambio de nombre y salto a instagram! Espero que en los próximos días ya “notéis” algo… jejeje ¡crucemos los dedos para que todo salga bien!

Os espero aquí y en Facebook, con la puerta de la mochila abierta 😉

¡Besos mochileros!

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Un sitio para cada cosa, y …

¡Buenos días, queridos!

Segundo post en nuestra nueva mochila y, como os prometí, vamos a compartir algunos tips post-mudanza, que esperamos os sean de utilidad.

Os iba a contar que en esta última semana me organizo mejor y las mañanas se hacen más llevaderas, porque bebé -¡por fin!- empieza a sestear solito, y también hace un par de tomas en un horario fijo… ¡Y me tendríais que ver ahora! Hecha un siete, con bebé enchufado a la teta y un apaño de cojines para estar mínimamente cómoda y escribir con las dos manos. ¡Eso me pasa por decirlo! 😉

 

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¡Soy muy gafeeeeee! XD

PROYECTOS

En fin, queridos, bromas aparte… Ya empezamos a sentir que éste es nuestro sitio. Los numeritos siguen acusando los cambios, y éstos se mezclan con los procesos propios de la edad dando como resultado unos rebotes de mucho cuidado. Hemos tenido días muuuuuy largos por ese motivo, y estamos desarrollando algunas herramientas para lidiar con ellos, trabajando principalmente la paciencia, la empatía y, sobre todo, el buen humor.

Y nos queda terminar de arreglar un par de cosillas (¿os acordáis de los armarios “decorados” por fuera? ¡Pues están hechos polvo por dentro!), y organizar mejor nuestro horario de entre semana. Sigo teniendo la impresión de que no todo está donde debiera, y que no he sabido motivar e implicar correctamente a los numeritos en las tareas y organización de Villa Gotelé. ¡Y me voy a poner a ello pero ya! 🙂

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Reconozco que los talleres de la semana pasada me han dado un extra de energía e ilusión. Al igual que uno debe buscar el sitio correcto para los objetos de un hogar, también ha de trabajar por encontrar su lugar en la vida. Y en ese sentido me queda mucho por hacer. Ser consciente de lo que significa -y de lo que ha cambiado mi vida- el hecho de ser madre de cinco me ha obligado a plantearme algunas cosas que ya os iré contando, queridos, pero poco a poco…. ¡Dejemos un poco de emoción para el final! 🙂

Y ahora vamos al lío, es decir, a compartir algunos aciertos y errores que hemos cometido durante estas semanas para no volver a repetirlos, y para que vosotros tampoco caigáis en estas trampas.

TIPS DE SUPERVIVENCIA POST-MUDANZA.

1.-Pregunta y anota.

Queridos, cada comunidad, cada ciudad incluso, tiene sus procedimientos, sus trámites… en fin. Son los dichosos papeleos que tanto nos pueden sacar de nuestras casillas, por las gestiones, citas y retrasos que tanto tiempo y energía consumen, pero son necesarios, así que es mejor ir anotando en una lista todo lo que debemos cambiar/actualizar y ponernos a ello. Aquí entran los temas relacionados con el padrón municipal, sistema sanitario, DNI, otras identificaciones si pertenecéis a un grupo con alguna bonificación especial (familia numerosa, jubilado, desempleado, persona con discapacidad), impuestos, y un largo etcétera. Os ayudará mucho hacer una lista con todo lo que soléis manejar habitualmente, y revisar si está en orden. En mi caso, además de todo lo anterior, debía renovar el carnet de conducir, así que aproveché los días que señor marido tenía libres por el traslado.

2.-Tómate tu tiempo para conocer tu nuevo hogar, y alrededores.

Es fundamental saber qué recursos tienes a tu alrededor, y si puedes beneficiarte más o menos de ellos. Así, si surge algún imprevisto, sabrás inmediatamente a dónde acudir. Recorre tu barrio con calma, pregunta a los vecinos, ten claros los servicios que se prestan ¡y úsalos! Os diré que, en nuestro caso, se van a producir cambios próximamente con respecto al centro de salud. ¿Por qué? Por su accesibilidad. Me resulta imposible, creedme, acceder al centro de salud que nos “toca”. Y sin embargo, tengo prácticamente al lado otro, que es el que pretendemos solicitar. Será mejor o peor, pero debo tener en cuenta mis recursos, y que movilizo sí o sí a cinco niños. Siempre.

3.-Descansa.

(¡Meeeeec! Primer error). Vale, queridos, todo es nuevo, todo está patas arriba… Y nos entran unas prisas terribles por tenerlo todo colocado, y solucionado. ¿Conclusión? Terminamos exhaustos, y perdemos los papeles. Mirad, y sé que os lo digo y que me volveré a estampar con esta pared, porque al fin y al cabo tengo un bebé que no duerme muy allá, este punto es FUNDAMENTAL. No pasa nada si tardas un poco más en gestionar los trámites, o si queda alguna caja por abrir. No pasa nada si dices “no” a los amigos o familia que, con toda la buena intención del mundo, intentan rellenar tu tiempo con otras actividades. No pasa nada si algún día olvidas una cita, o algún libro para el cole. A la fuerza, a las malas, he vuelto a comprender que los días en los que estoy zombie son días perdidos.

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¡Hábitos saludables, queridos! Descanso, comida sana, y ejercicio… 😉

4.-Socializa/tiempo para ti.

Muy relacionado con el punto anterior. Si ya tienes amigos, o familia, aprovéchate. Busca un ratito, habla, desahógate con ellos. Deja que te echen una mano. Comunícate. Y si no, empieza a relacionarte con vecinos, con compañeros de trabajo, padres del cole… Si tu trabajo es como el mío, de los de 24 horas al día 365 días al año, necesitarás una conversación con adultos como agua de mayo. Y también unos minutos al día para hacer lo que quieras, a solas o acompañada. TU TIEMPO, para algún caprichín, o algo que te motive y recargue tus pilas. Seguro seguro que adivináis cómo voy de tiempo para mí, ¿verdad queridos? ¡En efecto, meeeeeeec, error!

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5.-Gestión de tareas/energía.

Este punto es muy interesante, y llevo una temporada intentando desarrollarlo en la mochila. Veréis, por muy organizados que seáis -seguro más que yo- y por muy estructurado que esté todo, siempre pueden surgir imprevistos, o que notéis que vuestro nivel de energía no es constante a lo largo del día. ¡Qué le vamos a hacer, somos humanos y no máquinas! Lo importante, es conoceros y saber en qué momento estáis sobrados o faltos de energía. ¿Para qué? Para adecuar las tareas a vuestro biorritmo. Es como cuando nos tocaba hacer los deberes, y nos recomendaban empezar por algo intermedio, ir luego a lo difícil -por estar ya en marcha y “frescos”- y finalizar con lo sencillo, cuando ya el cansancio hacía mella. Igualito, igualito.

6.-Acepta y perdona.

Por último queridos, no os fustiguéis. Por lo que os comentaba en el punto anterior. Somos humanos. Nos vamos adaptando. Cometemos errores. Pero el error más grande que podemos cometer es dar y dar vueltas a nuestros fallos. Es momento de aceptar, de aceptarnos, y de tomar el control y avanzar. Recordad que no somos nuestros pensamientos, ésos van y vienen, cambian, se crean, desaparecen… nosotros somos algo más, y por tanto, tenemos la capacidad de modificar todo aquello que nos ronda la cabeza y que puede generar tanto sentimientos como acciones. Os animo en este punto a practicar algunos ejercicios de mindfulness, alguna práctica informal -o formal pero cortita-, para que le pilléis el truco y el gusto a esto. A conocernos y, sobre todo, a no juzgarnos -y por ende, a no juzgar a nadie-.

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Os dejo un vídeo de “Un bosque tranquilo-mindfulness para niños”, que me encanta, para que aprovechéis este fin de semana… ¿lo haréis?

¿Qué os parecen estos tips, queridos? ¿Añadiríais alguno más? De momento lo dejamos aquí, por no extenderme  ¡y porque toca salir corriendo para el cole! Ya no con la lengua fuera -¡gracias a Dios!- y con la alegría de saber que hemos pasado de sobrevivir en la mochila, a vivir en ella. ¡Una nueva etapa comienza!

Nos vemos muy pronto queridos,  ¡muchos besos mochileros! 🙂

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