¡Qué asco!

¡Buenos días queridos!

Hoy por fin público este tan ansiado post, sobre un tema importante y a veces tan puñetero durante el embarazo: ¡las náuseas!

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Duran más o menos, aparecen antes o después, ¡desaparecen y vuelven otra vez! Afectan a más de la mitad de las embarazadas, concretamente a un 60%,  están asociadas a los vómitos y son más frecuentes por la mañana. En ocasiones son tan intensas que precisan de control médico con tratamiento e incluso hospitalización, aunque estos últimos casos son poco habituales -es lo que se llama hiperémesis gravídica, y por lo que nos enteramos de los embarazos de Kate Middleton!-.

Existen muchos factores que influyen en la aparición de las náuseas en el embarazo, y para no extenderme mucho, citaré los más importantes y frecuentes.

1.-Las hormonas.  Ya desde los primeros días, aumenta la gonadotropina coriónica (HCG), una hormona producida por la placenta. Esta hormona, además de regular la producción de estrógenos y progesterona, actúa sobre el centro de las náuseas. Afortunadamente para nosotras, después de la semana 13 la HCG comienza a disminuir, y eso puede mejorar o hacer desaparecer estos síntomas.

2.-¡Súper olfato! Relacionado con el punto anterior (¡qué no se relaciona con las hormonas en nuestro estado, ¿verdad?!), durante el embarazo empiezan a desarrollarse lo que yo llamo los “súper poderes de mamá”, y señor marido “chip de madre”. Vivimos en un estado de alerta, de hipervigilancia constante, debe ser así porque nuestro futuro, es decir, el bebé, depende de ello… Y todos nuestros sentidos se agudizan. Tacto hipersensible, oído megaultrasónico, y ¡un olfato pero que muy fino! Tanto es así que distinguimos olores a kilómetros de distancia, y que abrir la nevera puede llegar a convertirse en deporte de riesgo ¡no es broma! Y podréis pensar que bueno, hay olores que nos molestan a todos, por molestar un poco más, tampoco es para tanto… ¡Pues no! Porque olores que nos encantaban hasta la fecha pueden convertirse en repulsivos, ¡y viceversa! Así que, queridos, ¡ojito con cualquier cosa -o regalo- mínimamente perfumada! 😅

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3.-¿Dónde meto mi estómago? Queridos, nuestro cuerpo tiene un espacio finito, aunque nos pongamos tremendas. Y a partir del segundo trimestre, por el crecimiento de la criatura, se empiezan a desplazar toooooodos nuestros órganos. ¡Fijaos en el siguiente vídeo!

Es así de bestia, y tiene sus consecuencias naturales: digestiones lentas/pesadas, estreñimiento, otra vez las náuseas…. Os diré que aquí, nuevamente, también existe asociado un factor hormonal (¡cómo no!). 😉

4.-La cinetosis. En este caso las hormonas no tienen nada que ver, pero no nos libraremos de las náuseas. Esta palabra hace referencia a los mareos en coche, y su causa se encuentra en el sentido del equilibrio. Turbulencias, frenazos y tirones, a los que está sujeto el organismo cuando viajamos, provocan un contraste entre las informaciones del movimiento percibido por el oído y la inmovilidad del laberinto. En este caso, el oído transmite la incomodidad al estómago, dilatando sus paredes, con el consiguiente aumento del sentido de pesadez y malestar.

¿Y si me toca lidiar con ellas, qué hago?

Si tú, querida futura mamá, perteneces a este numeroso club, ahí van algunos trucos (que vosotros queridos también podéis aprender para apoyarnos y facilitarnos este trance 😉)

a) Alimentación: Queridos, este es un punto fundamental, y el motivo por el que a veces precisemos un tratamiento médico, si no conseguimos tolerar sólidos y lo más importante, los líquidos (más aún si tenéis la tensión baja, o hace calor). Comidas más ligeras, en menor cantidad y con mayor frecuencia. Dejar a un lado las bebidas calientes y apostar por cosas más fresquitas (ahora en verano apetece más, pero hacedlo también si os toca en invierno ¡se nota un montón!). Y no sólo bebidas o sorbetes/helados, que alivian bastante -aunque ojo si vuestros niveles de glucosa están un poco elevados, fijaos siempre en la cantidad de azúcar-, sino también alimentos sólidos: fruta congelada o muy fría, los típicos palitos de surimi, etc. ¡No tiene por qué ser todo dulce!

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Dentro de este apartado, yo añadiría un cambio en la forma de ingerir los alimentos, que a mí personalmente me ha ayudado muchísimo: separar sólidos y líquidos.

Queridos, queridas, es fundamental tener siempre a mano alguna bebida para hidratarnos, fenomenal la típica botellita de agua (que sí, que tendremos que ir cada media hora al baño, pero lo vamos a agradecer, y nuestro bebé también). Si además tenemos la tensión baja, un buen producto para tomar de vez en cuando es el agua con gas, ya que tiene más sales que el agua natural y nos ayudará a recuperarnos un poco. Los productos amargos también van bien, y yo antes tomaba algún bitter… Pero cada día me siento menos cómoda con los productos que abusan de los colorantes alimentarios, y en mi opinión éste es uno de ellos. Así que, en resumen ¡a beber, a beber y a beber!

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Sin embargo, a la hora de comer, si tengo náuseas, evito cualquier bebida. ¿Por qué? Pues es una razón puramente mecánica. Al estómago le cuesta más expulsar masas con poco líquido, digamos que cuesta más subir. Así que, por las mañanas, antes de levantarnos, podemos tomar alguna galleta, rosquilleta (palitos de pan) o frutos secos, tranquilamente, para evitar síntomas matutinos. Esperar al menos una hora entre comidas para seguir bebiendo poco a poco. Y también es muy interesante, si estamos todo el día con la boca seca, apostar por la fruta y la verdura como snacks, por su alto contenido en agua.

¿Alguna cosa más? Pues quizá insistir en las comidas más ligeras, evitando las fritangas y otros productos muy aceitosos o grasos, cuidando las digestiones pesadas y el estreñimiento. Y otra cosa muy importante: escuchar a nuestro cuerpo. Los “antojos” o las apetencias por algún producto determinado corresponden a señales que nos envía el cuerpo indicando algún tipo de carencia. ¿Os cuento lo que más me apetecía hace unos meses (bueno, todavía me apetece, jeje)? ¡Marisco a la plancha! Fue hacerme la analítica y ¡ahí estaba! Niveles bajos de hierro ¡tachán! Pues nada, alguna latita de berberechos hasta que señor marido me invite… ¿A lo mejor para mi cumpleaños? 😉

b) Viajes y mareos. Queridos, como ya hemos visto, en ocasiones los mareos se producen por una alteración en nuestro órgano del equilibrio. Da igual si hemos viajado siempre, nos puede pasar. En estos casos, puede que sea mejor que nos cedan el puesto de conductor para hacer algún viaje, al menos durante un tramo. Conducir significa tener un mejor control de la velocidad y la forma de tomar las curvas, además de estar más concentradas en una tarea concreta, lo que tendrá efectos beneficiosos a la hora de manejar las náuseas. ¿Y si no conducimos, o no vamos en coche? Pues usar los remedios “de siempre” como refrescarnos, mirar la carretera o vía, el famoso limón… Y si no, tomar algún producto más específico para las náuseas, como los que siguen.

c) Productos “anti-ascos”. Queridos, existen muchos productos en el mercado, más o menos efectivos, más o menos naturales. Queridas, yo siempre recomiendo probar “de menos a más”, terminando con los fármacos, pero recordad: siempre siempre siempre consultad a vuestro médico o matrona antes de tomar cualquier producto.

-El chicle. Éste es un clásico, estemos embarazadas o no. Masticar chicle facilita/estimula el movimiento intestinal y puede ayudarnos a acortar los episodios de náuseas. Aquí nuevamente un “tip” para las embarazadas con la tensión muy baja: el regaliz (pero el de verdad), cumple las funciones del chicle y sube la tensión.

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-Jengibre. Es un antiemético fantástico, y recomendado tanto en embarazo como en lactancia e incluso en niños pequeños -que todavía no tienen edad para tomar fármacos tipo-. Yo lo uso todo el año como especia porque también ayuda a estimular nuestro sistema inmune, y a los numeritos les encanta su sabor. El jengibre lo podemos encontrar en polvo, fresco, en infusión -caliente o fría mejor- e incluso concentrado en comprimidos. Éste es el que me recomendaron a mí en el hospital, y la verdad es que afortunadamente lo usé poco. Recordad si  necesitáis algún preparado como éste, que por lo general necesitan de una toma continuada para que notéis una respuesta.

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-Fármacos. Por último, y como os decía antes, siempre con indicación médica, tenemos varios fármacos para controlar las náuseas y vómitos. Quizá el más conocido de todos en el embarazo sea el famoso cariban. Aquí no os puedo contar mi experiencia, porque no he llegado a tener síntomas excesivamente acentuados como para necesitar llegar hasta aquí, pero sí insistiros: cualquier producto, que se tome de forma consensuada con vuestro equipo médico, con las dosis recomendadas y durante el tiempo necesario, ni menos, ni más.

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-¿Y los sueros, sí o no? Mirad queridos, para recuperar tolerancia si vomitamos mucho, hay quien recomienda tomar sueros, caseros o preparados de farmacia. Y quien además echa pestes del aquarius. Ya lo hemos comentado anteriormente en un post sobre trastornos gastrointestinales… y lo vuelvo a repetir. En la mochila, en mi caso en particular, los sueros de sobre ¡ni verlos! El olor, y el sabor, me producen más náuseas, así que ni lo intento, es ir para atrás. Recordad que los síntomas muy intensos, no tolerar líquidos en un embarazo, y más en verano, y tener un regular/mal estado general son motivo suficiente para acercarnos al centro de salud o al hospital si así lo consideramos.

d) ¡Y ya termino! Queridos, insistir en el tema olores… ¡es muy importante y muy sencillo! Evitemos olores muy fuertes, o los que veamos que molesten a las futuras mamás. Queridas, haced partícipes al resto de la familia, a veces es difícil adivinar nuestras necesidades, hablemos y compartamos sensaciones. ¡La comunicación es fundamental!

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Acabo ya, aunque con la sensación de haberme dejado muchas cosas en el tintero. ¡Claro, con cinco embarazos, todos completamente distintos, podría estar una semana hablando o escribiendo cositas! Pero no quiero extenderme más… Pediros un favor, si os quedáis con alguna duda, pregunta o queréis comentar algún caso en particular ¡poneros en contacto conmigo! Estaré encantada de contestaros, apoyaros, acompañaros.

Os dejo el link de la página de facebook, por si os resulta más cómodo, y podéis comentar también aquí.

https://www.facebook.com/cuatroenmimochila/

Y un último anuncio… ¡El próximo post ya para septiembre! Necesito este mes para conectar y prepararme para el parto. Llevo casi todo el embarazo de aquí para allá, y ahora mismo el cuerpo me pide parar y centrarme en este momento tan importante para nosotros. Sí voy a intentar llevar al día la página de facebook, así que no voy a estar ausente del todo. ¡Mil gracias, queridos! Nos sentimos muy afortunados por contar con vosotros, y ver cómo esta familia mochilera va creciendo a vuestro lado.

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El nido vacío… (bueno, la mochila)

¡Buenos días queridos!

Hoy os escribo en riguroso directo, desde la mochila auxiliar, después de quedarse “a medias”. ¡Los numeritos empiezan a volar solos!

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Hace escasamente una hora, uno y dos han salido con señor marido para cruzar el mapa y encontrarse con su grupo scout en el mega campamento que han organizado este año. La verdad es que, por ser su primer campamento de verdad, por las hormonas, porque habíamos pensado ir todos en un principio -pero yo ya no me puedo mover, y abandonamos esa idea-…. Pues sí, queridos, que se me ha escapado alguna que otra lagrimilla. Lagrimilla de mamá gallina que ve cómo día a día ya no ejerce ese supuesto control imaginario del que presumimos los padres. Lagrimilla de orgullo, que lo hay y mucho, porque son unos chicos responsables y muy maduros ¡y tienen que ir espabilando en este duro mundo, caramba! Lagrimilla de felicidad y de sentirse una muy privilegiada, porque señor marido lleva más de seis meses trabajando duro y pasando noches en vela para preparar este campamento con otros compañeros, y también para estar cerca -aunque en una distancia prudencial para no interferir en el funcionamiento del grupo de los peques, en su manada- de sus hijos.

Así que estamos ahora en plan ambivalente, sí pero no, id pero volved pronto. Dura esta “profesión de padres”, ¿eh, queridos? ¡Una soñando con el día en que los hijos salgan de casa definitivamente para coger al marido y no sé, irnos de viaje (de momento es broma 😉 ), y a la primera de cambio, se raja!!!!!

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Me podríais preguntar qué he hecho con la lagrimilla, sí, porque en alguna ocasión os he podido comentar que en la mochila intentamos validar y mostrar las emociones, creemos que para saber gestionarlas es importante que se sepan reconocer… Pero en esta ocasión, me la he guardado para mí. ¿Por qué? Pues por el motivo por el que a veces, cuando me preguntan, no sé qué consejo dar, o qué explicación teórica aplicar: por los niños y por la situación en concreto. ¿Sabéis qué les preocupa a mis numeritos mayores, más que el campamento en sí? Pues fijaos que a número uno le cuesta adaptarse a los cambios, y hemos pasado unas semanas de precampamento duras, con los nervios a flor de piel, preparando su material, viendo fotos que nos iban pasando los compañeros, mapas, etc… ¡Pues hoy lo único que querían saber era si YO iba a estar bien, y si el bebé les iba a esperar! ¡De verdad que no sé qué hemos hecho para merecer a estos chicos! Viendo esto, queridos, mi decisión ha sido firme: ilusión y alegría al 100 %, y dejar la emoción para la vuelta. ¡Bueno, emoción y mangas arremangadas, porque la vuelta va a ser de traca!

El campamento

Queridos, si hay algo que me deja tranquila (además de contar con señor marido por ahí) es ponerme en el lugar de los numeritos. Yo también fui de campamento con esa edad, y no me preocupaba lo más mínimo qué pasaba en casa ¡bastante tenía con las actividades, excursiones, novedades y juegos! ¡Y eso es lo que deben hacer todos los niños, disfrutar de esa experiencia!

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Eso sí, yo era un poco mayor que ellos, y desde luego más organizada (suena a topicazo pero eran otros tiempos, y personalmente siempre me ha gustado ser muy independiente, así que me apañaba muy bien yo sola). Lamento (¡sí, lamento!) creer que mis chicos son más desastres que yo en ese sentido, y no sé en qué condiciones van a volver… aunque me las imagine. Queridos, si alguno de vuestros hijos está por ahí de campamento, y más si es en un grupo scout como éste (que van al monte y se lo construyen ellos todo, que mola un montón, pero “lujos” ninguno) preparad los guantes, el estropajo y el programa de agua caliente en la lavadora: la roña va a crear una costra alrededor de TODO lo que se hayan llevado. Da igual que se duchen (más o menos), da igual que hagan día de colada, que lo harán… Barro, bichillos y raspones va a haber en la misma cantidad que vivencias, anécdotas e ilusión. ¡Así que mentalizaros!

Otro punto importante (que ahora mismo, en la distancia, me fastidia, pero lo entiendo): no news, good news. Yo se lo repetía constantemente a mi madre ¡ahora comprendo su cara de vinagre! porque no llamaba NUNCA. Alguna postal, si acaso, y poco más, que ya te lo contaré a la vuelta. Y si necesito algo, ya te enterarás, porque saldré en las noticias. ¡Qué cruel, jajaja! Queridos, si no sabemos nada, va todo bien. Es importante no interferir en el funcionamiento del campamento. Es posible, que en algunos grupos más pequeños se habiliten algunas horas de llamada, pero vuelvo a tirar de recuerdos… y yo no lo aconsejo. ¡La de niños llorando que he visto tras hablar con sus padres! ¡La de padres que se han quedado angustiados tras oír esas lágrimas, que sí, son de echarse de menos pero no, no lo están pasando mal sino todo lo contrario! ¡La de campamentos que se han terminado prematuramente porque me quiero ir a casa! Volviendo al presente, tenemos una gran ventaja ¡aprovechémosla! Las redes sociales en ese sentido nos sirven para estar cerca en la distancia, para ver cómo va todo, y ya en caso de emergencia, o duda, o algo que realmente consideremos que es importante, tirar de teléfono y hablar con algún responsable.

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Por último queridos, volver a mostraros la página web de nuestra asociación, la de Guías y Scouts de Europa. ¿Por qué? ¿Hago publicidad? Pues sí y no… Creo que es una asociación que vale la pena conocer, tanto como una persona jóven con ganas de hacer más cosas, de participar, como desde el punto de vista de un padre que quiere que sus hijos conozcan algo más, que se formen, que amen la naturaleza y trabajen duro para conseguir un mundo mejor. Yo creo que esta asociación da todo esto y más a los niños y jóvenes (¡y también a los adultos!). Yo animo a señor marido a que siga trabajando -aunque eso signifique verle menos, o trabajar yo también- por y para la asociación. Y estoy muy orgullosa de que los numeritos formen parte de esta gran familia. ¡Animaos a visitar su página y también su enlace en facebook y no dudéis en preguntar!

http://www.scouts-de-europa.org

https://www.facebook.com/scouts.de.europa/

Gracias de nuevo queridos por estar ahí, gracias por vuestra paciencia (os recuerdo que en breve colgaré el post tan prometido del embarazo…). ¡Y en poco más de una semana, en facebook, os comento en qué estado me llegan estos tres! 😉

https://www.facebook.com/cuatroenmimochila/

Besos mochileros

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¿Nata? ¿Qué nata?

¡Buenos días queridos!

¿Cómo ha ido la semana?

Por la mochila, reconozco que ha sido una semana dura. Los numeritos no terminaban de recuperarse de las emociones pasadas, y los papis teníamos trabajo extra no sólo por intentar aportar una cierta tranquilidad, sino también para que se adaptaran al horario de verano ¡y para volver a poner en orden tooooooda la casa, después de las visitas, los regalos, etc!

Coinciden estas fechas, además, con el noveno cumpleaños de número uno, que ya se está haciendo un hombretón ¡ay madre, casi es tan alto como yo! Él es un chico muy sensible, le cuesta bastante sentirse cómodo con los cambios, y en las últimas semanas ya empieza a notar que su cuerpo está un poco alborotado… Afortunadamente, se está apoyando mucho en nosotros, cosa que nos enorgullece y tranquiliza a partes iguales. Poco a poco, iremos observando, aprendiendo y manejando las situaciones que se van a presentar en breve, ¡preadolescente cambiando pañales a recién nacido! La verdad, queridos, es que tengo curiosidad y espero ilusionada la reacción de cada uno de ellos.

Pero bueno, el post de hoy no iba de estas cosas… ¡sino de dulce! Aunque tendré que ir cambiando el recetario, jejeje porque al final escribo sobre las cosas que recomiendo siempre que sean de consumo puntual ¡menudo ejemplo doy! 😉

La tarta de la comunión

Queridos, cuando empezamos a preparar la celebración familiar de la primera comunión de número uno, teníamos claro que no queríamos organizar varios menús, adaptados a la situación “digestiva” de cada uno. Pretendíamos compartir una agradable comida para todos, para reforzar el sentimiento de unidad de familia. Y eso significaba que la opción de encargar la tarta era inviable. ¡Son muchas y muy variadas las intolerancias!

Fundamental, que no hubiera lácteos (sí hubo en la comida un pequeño guiño a los no intolerantes, con el típico aperitivo de jamón serrano y queso), pero tampoco trigo, azúcares refinados o frutos secos (al haber bebés pequeños). Número uno también quería poner su granito de arena en la celebración, así que pidió elegir los sabores y el diseño de la tarta. ¡Al fin y al cabo era SU fiesta! Y queridos, fue todo un reto. ¡Arándanos y nata!

¿Nata vegetal?

Vivimos una época en la que los productos para intolerantes/alérgicos ya se pueden adquirir en vuestros establecimientos habituales, y también es habitual tener a mano una o varias herboristerías si vivís en una localidad de cierto tamaño. Pero a veces encontrar un producto determinado se puede convertir en una auténtica pesadilla…

En nuestro caso, buscábamos nata vegetal PARA REPOSTERÍA. En la mochila solemos tener este producto, pero para cocinar -y aunque lo usemos sin problemas a la hora de preparar el ganaché de chocolate (os remito al post de la nocilla más fácil del mundo)- a la hora de montar y que adquiera consistencia es un producto que no nos servía.

En varios tutoriales de youtube encontré no sólo cómo manejar este producto, sino también distintas marcas que lo producen e incluso que está disponible en Makro…. Pero eso tampoco nos solucionaba nada (aunque os voy a poner el enlace, por si vosotros os podéis beneficiar de esta información, ¿vale?). ¡Ahí va!

El desenlace de esta historia -para no enrollarme más- es el siguiente: ¡3´s Panadería Repostería!

Queridos, si vivís en Alicante, concretamente por la zona de Benidorm, os será muy sencillo acercaros a esta panadería-pastelería, que se caracteriza por elaborar productos sin huevo, sin lácteos y sin trigo. Todo artesanal, con un sabor increíble, y de la mano de Carmina, la propietaria y autora de todas las delicias que venden allí. Ella conoce de primera mano las consecuencias de sufrir intolerancias alimentarias, y por ese motivo (y porque es una emprendedora como no las hay) decidió cambiar su profesión previa formación y abrir este negocio.

Su facebook es   https://www.facebook.com/3Spanaderia/   ¡visitadlo queridos, vale la pena! En la mochila no lo dudamos cuando vimos que por aquí no encontraríamos la ya dichosa nata vegetal, y enseguida nos pusimos en contacto con Carmina, quien además por motivos familiares nos tiene en mucha estima ¡ella es casi mi hermana! 🙂

Así que nos asesoró, nos facilitó la nata con un par de recomendaciones -¡gracias!- y ha supervisado desde la distancia el proyecto de número uno, que al final quedó así…

Tarta de bizcocho con arándanos, con relleno y cobertura de nata vegetal y chocolate blanco.

Nota: ¡Ojo con el chocolate blanco, el que solemos comprar tiene leche en polvo!

Ingredientes:

Para el bizcocho usé la receta de mi iaia, reduciendo la cantidad de azúcar al tener un relleno bastante dulce. ¡Apuntad!

5 huevos

3 vasos de harina (la que uséis habitualmente, nosotros para variar, de espelta 😉  )

1/2 ó 1 vaso de azúcar/endulzante (la receta original lleva 2). Nosotros usamos azúcar ecológico de caña.

1 vaso de aceite (de girasol o similar, que sea muy suave)

2 sobres de levadura química

1 bandeja de arándanos (de nuevo, la receta original lleva 4 manzanas troceadas)

En la mochila duplicamos esta receta, para una tarta de unas 30 raciones. Y mientras esta mezcla se horneaba a 170 grados durante unos 40 minutos (como siempre os digo, queridos, cada horno es un mundo, ¡vigilad la primera vez y pinchad con el palito!) seguimos con la preparación del relleno/cobertura.

Relleno

1 pastilla de chocolate blanco (si no tenéis problemas digestivos, cualquier chocolate blanco, normal o para postres)

200-250 ml nata (vegetal o no) para repostería

1/2-1 cucharada de aceite, o de margarina/mantequilla

La elaboración es muy sencilla, ya que se trata de fundir el chocolate con el aceite o similar (no hace falta mucha cantidad, simplemente para ayudar, porque el chocolate blanco es muy graso, y si queréis se puede obviar), y mientras esto se templa vamos montando MUY MUY bien la nata. En nuestro caso, ya venía azucarada -otro motivo para reducir la cantidad de azúcar del bizcocho-, y la dejamos bien firme. Mezclamos con las mismas varillas el chocolate y la nata y dejamos enfriar en la nevera.

También duplicamos esta receta, con 2 pastillas de choco y medio litro de nata.

El montaje final fue cosa de número uno, con la forma rectangular, los cuatro pisos de bizcocho y la bandeja extra de arándanos que usamos para decorar. ¡Y el muñequito que pusimos antes de servirla!

Os dejo como siempre unas fotos del proceso… ¡y espero de verdad que la probéis, es deliciosa!

¡Nada más queridos! Retomamos el blog la semana que viene con datos ¡y trucos! para manejar unos síntomas que son bastantes frecuentes en el embarazo, y que nos pueden aguar un evento con tarta como este…. ¡las náuseas!

Pasad un buen fin de semana ¡os espero en la mochila!

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De los errores también se aprende…

¡Buenos días queridos!

Empezamos una nueva semana, quizá más cansados de costumbre, pero muy ilusionados con los cambios que se avecinan… ¡Viene junio! Nuevo horario escolar, tardes libres para dedicar a la familia, proyectos mochileros a medio empezar -que deben ir tomando forma, antes de que llegue bebé-. Es una mezcla de agobio, emoción, intensidad ¡normal que estemos ya cansaditos, aunque sea lunes! 😉

Bueno, he de reconocer que no estamos cansados, estamos resacosos -en el buen sentido, ¿eh?-. Ayer número uno tomó la Primera Comunión, primera y no última, que entre los comentarios sobre los artículos y debates de artículos sobre este tipo de fiestas, el sentido de las celebraciones, etc sí hemos puesto énfasis en inculcar el sentido del compromiso y la responsabilidad. En la mochila, si te comprometes, te comprometes. Y si te equivocas en ese compromiso, que todos somos humanos, pues ya vemos cómo lo solucionamos.

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Y de erratas hemos aprendido mucho durante estos días. Primero, con los preparativos y los ensayos. Segundo, con las prisas de última hora…. ¡Y ahí me han dado los numeritos una gran lección!

Siempre he creído que los niños son unos grandes maestros. Fijaos, tienen mentes abiertas, son imaginativos, bondadosos por naturaleza, no tienen prejuicios, la flexibilidad y la curiosidad les son innatas. También son más rápidos en buscar alternativas (¡qué remedio, si se topan muchas veces con los muros que construimos alrededor de ellos -“eso no se toca”, “por ahí no”, “corre que tengo prisa”-!) De verdad, queridos, me quedo corta cuando digo que la maternidad me ha convertido en una privilegiada ¡aprendo tanto! ¡siento tanto!.

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Pues estos días, como os iba diciendo, la he “liado parda” varias veces. Y con errores de novata (¡todos esos que dije que yo no iba a cometer, porque ya tenía bastante experiencia, pues ¡zas! en toda la boca!) 😉

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¿Os cuento la gorda? Peluquería. Ya sabéis, y si no os lo cuento ahora, que los temas capilares los llevamos en la mochila. Señor marido se corta el pelo desde el instituto, y cuando le conocí hice un curso intensivo… Yo, que no sabía ni hacerme una triste coleta, me puse a cortarle el pelo no sólo con maquinilla -que es sencillo, hasta que la lías, jeje- ¡sino incluso con tijera! Eso es amor, y lo demás tonterías queridos, creedme, soy muy patosa. XD

Pues con los numeritos, salvo contadas excepciones, hemos seguido cortando el pelo a domicilio. Primero, por encontrar un momento en el que estén relajados y “receptivos”. Por tener su sitio de referencia y saber qué va a pasar en cada momento. Y también por comodidad, no os lo niego. Si les apetece, corte de pelo y ya está. No hay quebraderos de cabeza.

Imaginarán todas las personas sensatas y las conocedoras de este sector, que siendo yo un poco paquete con el tema pelos, y siendo los numeritos un pelín inquietos, lo más razonable era un corte de pelo a un par de semanas vista del gran evento. Como dice mi suegro “borrico trasquilao, a los 10 días igualao”.  Tiene sentido ¿no?

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Pues no. Porque número uno se negaba a cortarse el pelo…. Hasta el viernes, que se dejó. ¡Viernes, a dos días! ¿Y qué pasó? Pues que con las prisas, mamá metió la pata. Pero bien. Tras limpiar la máquina, entretenida en darle coba para que se dejara hacer, olvidé poner el peine que regula la altura del corte ¡y le dejé sin patilla!

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¡Horror, terror! Mirada de susto y estupefacción, y número uno que dice “te estás poniendo un poco blanca, mamá”. Y yo pensando “van a hacer turnos para asfixiarme esta tarde…. ¡ay, como le vean las abuelas, me matan!”

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Queridos, imaginad algo así, en el lateral… En las fotos reales, si te fijas, se ve la calva ¡ups!

¿Cómo se resolvió esto? Pues queridos, con una gran lección de mi hijo. Y un poco de mindfulness también. Unas respiraciones, tomar conciencia del presente, y ponerme en sus manos: “mira hijo, mamá ha cometido un error, ha sido un accidente, vamos a ver qué hacemos para solucionar lo que ha pasado”. Su creatividad me asombró, y también su respuesta: “ahora ya entiendo cuando dices que de los errores también se aprende, hemos sabido reaccionar ante un problema y encontrar juntos la solución”. ¡No me puse a llorar de emoción creo que por el mismo agobio que llevaba, queridos, pero poco faltó!

Y lo mejor de todo ¡sus hermanos, al verle, pidieron el mismo corte! Ahí ya casi me caigo de culo, así tal cual. ¡Convertir un error en tendencia!

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Yo estuve hasta el último momento tensa, analizando todos los pasos para no volverla a liar. Incluso cuando preparé la tarta (ya sabéis, sin trigo, sin lácteos y con la mínima cantidad de azúcar posible- y sin refinar-). Y viéndolo ahora en la distancia, otra lección a aprender.

Conclusión,  queridos. A los adultos se nos han olvidado un montón de cosas, y os animo a observar y a participar de los niños para recuperarlas. A vivir más en lo que pasa ahora, y no en lo que hicimos ayer, o haremos mañana. A saber que no sólo existe un plan B, el abecedario tiene un montón de letras más. A usar la imaginación, ser menos rígido y más creativo. A priorizar, ¿seguro que este problema es TAN importante? ¿Qué es lo realmente vital, o fundamental, en mi vida? A buscar ayuda, dejando el orgullo y reconociendo que sí, que los mayores también se equivocan, y que no pasa nada, que es bueno trabajar en equipo. A respetar a todos, no importa la edad, condición, bagaje de cada uno. A agradecer. Y a reírse mucho, de uno mismo y CON los demás.

Queridos, ¡qué maravilla la del ser humano, en toda su trayectoria y evolución a lo largo de la vida!¡Y qué bonito, poder pararse durante unos minutos a reflexionar sobre esto! ¡Y poder sentir cómo se va formando la vida, un nuevo ser!

Celebro con vosotros un nuevo hito en esta etapa de la vida mochilera, a pocas horas de llegar a la semana 24 del embarazo, semana en la que ya se considera desde el punto de vista médico que bebé tiene posibilidades de sobrevivir fuera del vientre materno. ¡Es muy importante! Celebro con vosotros la oportunidad que me dais de seguir contándoos estas cosas,  pequeñas anécdotas de la mochila, y sentiros cerca. Y celebro con vosotros la vida, la gratitud por estar aquí y por seguir aportando algo a este mundo, aunque sea un granito de arena (o cinco).

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Para el próximo post, que intentaré adelantar a esta semana, receta dulce y fácil. ¡La tarta de la comunión! Y ya os diré cómo resolvimos otro inconveniente… con la (dichosa y huidiza) nata vegetal.

Aprended, resolved, disfrutad. ¡Besos mochileros!

 

 

Estándar

¡Tenemos millones!

dinero-574x296-310x165¡Buenos días queridos!

Vuelvo a perder la cuenta de los días que llevamos sin escribir en la mochila… ¡lo siento muchísimo!

En este embarazo no estoy resultando ser la mamá productiva de siempre, pero a medida que pasan los días me voy sintiendo un poco mejor, ¡así que espero retomar el ritmo habitual muy pronto!

Este post surge a raíz de esto mismo, del quinto embarazo, y de las reacciones provocadas en nuestro entorno. ¡No sabía yo que bebé iba a llegar con un fajo de billetes, pero así es! O, por lo menos, es lo que me dicen…    😉

Mirad, queridos, ya con el cuarto creí que lo había escuchado todo. Que si no teníamos tele, que si somos del Opus, que no nos aburrimos. De aquí, lo último, muy cierto.

Pero ahora me sorprendo con la siguiente revelación, que además me llegó de alguien cercano. Os confieso que no me lo esperaba, me quedé con la boca abierta: ¡resulta que soy millonaria!

Pues queridos, os quiero responder. Sí, en la mochila somos millonarios, pero millonarios a mogollón.

Chorreamos sonrisas, aventuras, cosquillas… y también horas de sueño, lágrimas y chichones. Obviamente vivir en una mochila tan repleta es una fuente de riqueza, de vivencias, de opiniones, historias varias y experiencia. Pero billetes, lo que se dice billetes, no se van a multiplicar porque seamos más. Yo incluso diría que al contrario.

¿Por qué pasa esto?

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Queridos, en nuestra sociedad nada llama tanto el interés como el tema de la ma/paternidad y la familia. Me gustaría decir que para bien, pero todavía se tiene que trabajar un poco, o mejor dicho, todavía tenemos que luchar un mucho.

¿Mujer embarazada a la vista? Bombardeo de opiniones por todos lados. De repente salen expertos hasta debajo de las piedras que te dicen qué hacer, y qué no. ¿Cómo lo alimentarás? ¿Le cogerás mucho o poco en brazos? ¿Y a la hora de dormir? ¿Vacunas sí o no? ¿Seguro que….?

Pues cuando las familias decidimos crecer, a estos “opinólogos” se les suman más, ¿os suena? Y se siguen confundiendo los conceptos, que en mi humilde opinión están muy claros: matemáticas puras.

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Es cierto que el perfil de familia numerosa ha ido variando. Las familias como la de la foto, familias de hace 50 años, podían ser de lo más variopinto, cultural y económicamente hablando. Y por desgracia se separaban en épocas de escasez muchas familias digamos “menos pudientes” para poder sobrevivir. Ahora, según los datos que nos llegan de la federación española de familias numerosas, partimos de un nivel cultural más alto, y de una estabilidad económica mayor que la de nuestros abuelos. (En mi caso, las únicas referencias que tengo de familias numerosas son las de mis bisabuelos maternos -mi iaio tenía 5 hermanos-, y mis abuelos paternos -mi padre también tiene 5 hermanos-). Y no son historias de cuento, sino de trabajo duro y hambre.

Gracias a ese trabajo duro, tanto señor marido como yo pudimos acceder a estudios superiores, a trabajos estables, y a valorar realmente nuestra vocación como familia.

¿Y sabéis qué? Mentiría si os dijera que prefiero ir a restaurantes caros o a hoteles antes que preparar picnics e ir por ahí con la tienda de campaña. Me llena más tener la casa a rebosar de numeritos ¡qué le vamos a hacer!

Pero esto es un tema muy personal, y sí creo que cuando uno se plantea esta opción de vida (tan válida como cualquier otra, queridos) es importante hacer deberes. Yo tengo la suerte de tener un señor marido súper fan de las hojas excel. Pero mi versión para “torpones informáticos” tampoco está mal. ¿La queréis saber, queridos?

Economía doméstica.

Básicamente, en cualquier momento de nuestras vidas tenemos que tener claras claras unas nociones de economía, y cuanto antes las integremos en nuestro día a día, mejor.

Es tan sencillo como lo que sigue 😉

Ingresos mayores que gastos: la cosa va bien.

Ingresos iguales que gastos: la cosa va (que no es poco).

Ingresos menores que gastos: uffff, la estamos fastidiando.

Vale, en nuestro caso, gracias a Dios, tenemos una nómina fija al mes. ¿Pero qué pasa si baila (autónomos, contratos reguleros, etc)? Pues dos opciones: si somos optimistas podemos hacer una media de ingresos. Si somos conservadores, ir a los ingresos mínimos y lo que “sobre” pues lo hemos ahorrado.

¡Gastos!

Queridos, las familias numerosas al final nos hacemos expertas en exprimir cada céntimo, es lo que hay si pretendemos seguir la relación óptima de ingresos/gastos. Y creo que todo el mundo podría hacer lo mismo, ahí lo dejo.

Gastos vamos a tener siempre, verdad verdadera. Pero hay tipos y tipos, y ahí está el quid de la cuestión. Mirad queridos, al final se trata de dilucidar si todo lo que tenemos realmente es todo lo que necesitamos, ya sabéis, el famoso “menos es más”. Yo creo firmemente que podemos dejar de seguir esta corriente tan consumista por un consumo más responsable (consumir sí, que hace crecer el país, pero con cabeza).

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A ver queridos, ¿por qué esto no sorprende, y ver a una familia con 4 ó más hijos sí?

Gastos que debemos afrontar siempre: hipoteca/alquiler, facturas agua/luz/gas… Todo esto es prioritario.

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¡Las familias numerosas tenemos que afrontar gastos muy importantes en ocasiones! Y ¡ay de quien no pague…!

¿Teléfono, alimentación, ropa, ocio? Mirad queridos, necesitamos estar comunicados, pero no a cualquier precio. Y lo mismo con todo lo demás. Obviamente aquí hay una lista de prioridades: para mí, alimentación/higiene y teléfono van delante. Tenemos la mala costumbre de comer, y varias veces al día, y pronto multiplicado por siete. Eso es así. Pero un carro de compra puede distar de otro en varios cientos de euros, y eso lo sabemos todos muy bien. Máxime si hay café/aperitivo/comida fuera de casa. Lo tomas, o lo dejas. Y con el resto también.

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Hagamos la resta: ingresos menos gastos prioritarios. ¿Qué queda? Alimentación, ropa si es necesario… ¿Y ahora? ¿Qué pienso hacer? ¿Cómo me siento? ¿Puedo hacer más o menos con lo que queda? ¿Quiero vivir al día, o tener un cierto colchón? Si estoy en algún aprieto económico ¿cómo gestionar la deuda para que sea asumible? ¿Puedo pedir algún tipo de ayuda?

Queridos, es tan fácil (o difícil) como queramos verlo. Pero que no nos pille desprevenidos, todos podemos decir “a mí no me habían avisado de esto”, pero ya estamos en todo el “fregao”, así que va a dar igual. Si vivimos solos, que podamos vivir tranquilos. Si vivimos acompañados, que este camino pueda ser llevadero y compartir todas esas cosas que no se pagan con dinero, pero que se resienten cuando la cartera tirita. Y si vivimos muuuuy acompañados, que podamos ofrecer recuerdos de alegría, y no de amargura.

¿Opiniones? Tantas como las personas que habitamos este planeta. ¿Válidas? Sólo las que nosotros creamos que lo son. ¿Qué vamos a hacer en la mochila? Pues seguir así, con las matemáticas y nuestro ejercicio mensual de revisar y ser conscientes de nuestras decisiones, para reevaluarnos, para agradecer, para cambiar. Es nuestra visión, personal e intransferible, ¡como las tarjetas de crédito!. Es lo que nos hace crecer.

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No sé qué va a pasar el día de mañana, queridos, y me lo pregunto muy a menudo (es lo que tiene cuando una se “salta” las convenciones), pero ojalá los numeritos puedan al menos en alguna ocasión pensar en esta frase, y sentirla suya (gracias, familias.com).

Y después de esta sesión, en plan rollero (ups) sólo queda agradecer vuestra compañía y adelantar algo del siguiente post… Va a ir de ascos y hormonas ¿os apetece?

Comentad, criticad (pero con cariño, ¿eh?), sugerid… ¡Mi mochila es vuestra mochila!

Besos

 

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¡Frena, Marie, frena!

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¡Buenos días queridos!

Después de tanto tiempo sin escribiros, reconozco que me cuesta arrancar… Pero os prometí contaros algunas de mis impresiones sobre el método Konmari, y creo que éste es el momento perfecto para hacerlo.

¿Por qué? Pues porque después de varios meses de trabajo, y después de algunos problemillas de salud –sin importancia-, retomo la vida en la mochila no ya como una rutina, sino como todo un reto. Como a cualquier madre trabajadora, se me ha amontonado la faena, he tenido días (¡y semanas!) en los que no llegaba, no daba abasto… Y he visto claramente lo que se puede aplicar de este método de organización, y lo que no.

Mirad, queridos, Marie Kondo recomienda (y hace muy bien) que organicemos cada una de las cinco categorías del método del tirón. ¿Os acordáis? Si toca ropa, ¡toda fuera! Es la única manera de concienciarnos de lo que tenemos en realidad, y de ser capaces de motivarnos para el cambio. Para retirar todo lo que no necesitamos (y si me permitís, para donarlo si está en buen estado), y para evitar acumular en el futuro. ¡Menos es más, queridos!

Peeeero, Marie querida, esto está muy bien si cumples alguna (o las dos) de estas premisas: a) Tienes tiempo de sobra y/o alguien que te ayude. b) En casa viven pocas personas.

Si sois más de cuatro, o trabajáis los dos fuera de casa, esto se puede convertir en una pesadilla…. Montones de ropa hasta el techo, en todas las habitaciones, y una sensación de agobio que se podría definir como “ganas de tirarse por la ventana” ¿os lo imagináis?

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Y además, con toda nuestra buena voluntad, decidimos afrontar la tarea con valentía, y en fin de semana, que es cuando nos da tiempo. Y así, le damos una planchadita oye, que si no queda feo. ¡Queridos! No malgastéis vuestro tiempo de ocio y de familia con eso ¡nos merecemos un descanso!

¿Y entonces qué hacemos si nos gusta la forma de organizar de la Marie? ¿Qué pasa si lo queremos todo?

Queridos, toca mezclar y conseguir nuestro método. Al fin y al cabo, un método es una herramienta para facilitarnos la vida, no para fastidiarla. Y si el método no se ajusta a nuestras necesidades, pues se modifica hasta que sea realmente útil.

En nuestro caso, fuimos “compartimentalizando” el Konmari. Y con esto me refiero a, en lugar de ordenar por categorías a lo bruto, ir ordenándolas por habitaciones. Siguiendo con el ejemplo de la ropa… Habitación de los papás, y habitación de los niños. ¿Y qué pasó? Pues que tuve que volver a bajar el listón (los cuatro numeritos comparten habitación, así que hay muuuuucha ropa que gestionar). Ahora vamos organizando de forma individual, y así parece que vamos a mejor.

¿Y con lo demás? Pues lo mismo, por habitaciones y por tiempos (¿recordáis los “poyaques”? Se trataba de dedicar 5-10 minutos a recoger –con energía- la habitación donde tengamos que hacer alguna tarea… Si voy a la cocina a por un vaso de agua y veo algún trasto en la encimera: “poyaque” estoy ahí, lo retiro.)  Y, ampliando el tema opositor, con muchos “pomodoros” que brevemente os refresco: 20 minutos por habitación, ni más ni menos, a lo que dé. Y 5 minutos de descanso. ¿Qué después del trabajo me encuentro con ganas de despejar el baño? Pues alarma en mano, un buen repaso ¡sí, es posible darle un buen meneo al baño en 20 minutos! Y después me tomo una infusión. ¡Y una cosa menos!

(Imagen JPEG, 500 × 361 píxeles)

Si nuestra casa tiene –supongamos- 5 habitaciones en total (salón, cocina, baño y 2 habitaciones), incluso podemos hacer un plan de limpieza semanal con 1 ó 2 pomodoros al día. Si lo pensáis bien, no es tanto tiempo. ¡Y los findes a lo vuestro! Y si participa toda la familia, cada uno según sus capacidades, puede que incluso se pueda convertir en una actividad divertida (¿me he pasado un poco de entusiasta, queridos? Jejeje)

Al final, como véis, se trata de conseguir un mantenimiento del hogar con el menor nivel de estrés. Pero cuidado, queridos, si sois quisquillosos como yo, deberéis pasar primero por una etapa de aceptación… Sí, yo era de las de querer una casa de punta en blanco las 24 horas del día, y sí, no soporto ver el suelo lleno de trastos, o con una mancha. Pero llega un momento en la vida en la que uno debe priorizar. No quiero perderme la vida en la mochila por fregar el suelo, o por planchar. Hay cosas más importantes. Como se dice en círculos de ma/paternidad: “los días son largos, y los años cortos”. Queridos, la vida pasa volando. Intentemos disfrutarla, recordando también (y lo digo por si hay algún “dejadete” por ahí) que el estado de nuestro hogar es un claro reflejo de nuestro estado. No hay nada que dé mayor bienestar que una casa ordenada, cuidada, mimada. No son simplemente cuatro paredes, no es un hotel. Es nuestro ser, nuestra familia, nuestros recuerdos plasmados en fotos, en detalles. Nuestro hogar somos nosotros. Así que intentemos encontrar un equilibrio, ¡y disfrutemos durante el proceso!

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La mochila cambia

Queridos, si nos seguís en facebook, quizá hayáis visto en una imagen el hashstag #cosiendobolsillosenlamochila… ¡Sí, necesitamos más espacio para un nuevo miembro de la familia mochilera! Estamos todos muy felices con la noticia, no os podéis imaginar el entusiasmo de los numeritos ¡llevaban tanto tiempo pidiendo un bebé!

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Y con el cambio, muchos amigos nos preguntan si vamos a cambiar el nombre de la página. En principio, la mochila nació con cuatro, y pensamos en dejarlo tal cual. Pero creo que es una forma muy bonita de agradeceros que estéis ahí la siguiente petición: ¡ayudadnos a tomar esta decisión! ¿Cambiamos o no cambiamos nuestro nombre? Y ¿qué nombre os gustaría?

Si os sentís inspirados, comentad este post y con todas vuestras sugerencias podremos tomar la decisión final ¿os parece bien?

¡Gracias de nuevo, os escribiré muy pronto!

 

 

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¿Orden con hijos? Keep calm y tómate un bizcocho…

¡Buenas tardes, queridos!

Tal y como os comenté el pasado fin de semana, aquí estamos en la mochila con una receta de producto de temporada, rica y sencilla –como a nosotros nos gusta, vaya-. Y mientras os escribo esto, no dejo de pensar en la mochila, que también podría llamarse leonera, y en la cantidad de trastos que hemos ido acumulando durante este último mes, bien por falta de tiempo, bien por falta de energía.

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La verdad es que no llego. No es una queja ¿eh?, me encanta el trabajo, y tengo unas compañeras que son lo mejor del mundo mundial.  Pero, el horario del trabajo hace que todos estemos muy cansados por la tarde, y más cuando se acerca el fin de semana (nos levantamos una hora antes, numeritos incluidos), y el orden brilla por su ausencia. Sumaremos el hecho de que hemos mejorado el interior de algunos armarios… y eso quiere decir ¡todo fuera!

Así que, queridos, ante esta temporada de caos mochileril, calma y algún capricho de vez en cuando. ¡Y si es un poco dulce –más apetecible para los niños- mejor!

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BIZCOCHO DE NARANJA

Mirad queridos, hasta ahora todas las recetas con naranja o limón que había encontrado por ahí se “limitaban” a usar zumo y como mucho añadían ralladura. Y ya está. ¿Y la pulpa? Pues a la basura.

Yo soy de la opinión de que la fruta, cuanto más entera mejor, y quería preparar algún postre que incluyera la naranja entera (bueno, cualquier cítrico). ¡Y lo encontré! Es una receta de un grupo de cocina de Facebook, que se llama “Cuina valenciana” (¡gracias!) y tiene todo lo que pedía: fruta entera, medidas sencillas –a vasos, sin calentarnos la cabeza-, y una cantidad de azúcar que se puede reducir o modificar. ¿Os animáis a probar?

INGREDIENTES:

4 huevos (separar claras y yemas)

3 naranjas medianas (que estén en su punto, bien dulcecitas)

2 vasos de harina

1 ½ vaso de azúcar (o el endulzante que uséis)

1 vaso de aceite de girasol (¡importante, con el de oliva queda un sabor demasiado intenso!)

1 sobre de levadura química

ELABORACIÓN:

Batimos las claras a punto de nieve con un poco del azúcar y reservamos (en frío mejor).

Pelamos las naranjas y las trituramos con la batidora, tal cual. Queda un puré líquido. Como opción, antes de pelarlas podemos rallar un poco de la piel para añadirla al bizcocho y potenciar el sabor a naranja.

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En un bol grande (os lo digo porque la mezcla sube bastante), batimos bien las yemas con el resto de azúcar y vamos añadiendo todos los ingredientes, mezclando bien, dejando en último lugar las claras a punto de nieve (recordad, queridos, las claras siempre con movimientos envolventes para que  no pierdan aire).

(Mirad la última foto, queridos, ¡casi se sale la masa del bol! 😉  )

Engrasamos un molde con un poco de aceite, añadimos la mezcla y horneamos a 180 grados –horno precalentado- durante 45-60 minutos. Cubrid los primeros 30 minutos con papel de aluminio por si acaso, queridos, para que no se tueste mucho…

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Sólo queda dejar enfriar, desmoldar ¡y a comer!

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Fijaos en el resultado final, queda jugosito por la fruta, se nota todo su dulzor y sabor, y también es esponjoso…  A nosotros nos ha encantado, de hecho, este fin de semana repetiremos, con una cobertura de chocolate negro, para hacerlo un poco más especial (número dos cumple 6 añazos, y le pierde el chocolate, así que le daremos gusto).

Queridos, de momento nada más. Estamos preparando una nueva entrada sobre el método Konmari (¿os acordáis del doblado de ropa vertical?) y de algunas modificaciones del método para aplicar a leoneras con hijos, ¡y mamás trabajadoras!

Disfrutad del fin de semana, y gracias por visitar la mochila. ¡Besos!

 

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