¡La (masa) madre que me parió!

¡Buenas tardes queridos!

Pocos días después de anunciar que sólo publicaré una vez al mes, aquí estoy ¡con las manos en la masa! Literal 😉
Al final queridos pesa mucho más el sentirme conectada con vosotros que buscar un tiempo de descanso, y también valorar quizá no ser tan exigente conmigo misma y hacer publicaciones más cortitas los viernes ¿Qué os parece?

Masa madre

Queridos, el primer recuerdo que tengo de la masa madre es de hace unos veinte años, en forma de un pegotón de color indescriptible que mi madre me enseñó toda emocionada, regalo de la panadera del pueblo -que conoce mi afición por la cocina, y las masas en particular-. Mi reacción no pudo ser más decepcionante… ¡me dio mucho asco! Y la santa madre terminó por olvidar el proyecto.
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Hasta ahora queridos, cuando la masa madre ha irrumpido con muchísima energía en la mochila, en forma de experimento educativo al principio, y ya como instrumento muy útil y saludable en la cocina.
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Mirad queridos, yo uso mucha levadura. Intento preparar comidas saludables, intentando que sean lo menos refinadas posible, y buscando productos más “puros”, es decir, con la menor cantidad de añadidos posible. Eso me lleva a amasar la mayor parte de panes, empanadas y bollería que se toman en casa. Y también vigilo así el tema de las alergias/intolerancias que seguimos teniendo en la mochila (por si no lo sabéis, nada de lácteos, ni trigo, ni azúcar refinado… y dando gracias porque ya podemos usar huevo y otros cereales con gluten). No puedo olvidar que me chifla trastear en la cocina ¡relax y creatividad, todo un lujo!
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Reconozco que la teoría sobre la masa madre me interesaba mucho, y por eso nos pusimos manos a la obra. ¿Os interesa conocer los beneficios que aporta la masa madre?
Pues atentos queridos, entre otros son los siguientes:
-La maduración lenta y gradual que se produce con la fermentación con masa madre rompe la proteína del gluten, consiguiendo un pan más digestivo.
-El aumento de ácido láctico que se produce eleva la acidez de la masa. Eso produce un pan de sabor más intenso, y aumenta el tiempo de conservación, además de permitir una mejor absorción de vitaminas y minerales por el efecto de una enzima que se llama fitasa. Este efecto aumenta si se usan harinas integrales, ricas en ácido fítico -el alimento de esta enzima-.
Así que, queridos, para resumir un poco: es cierto que con la levadura comercial (que es básicamente levadura de cerveza) conseguiremos un pan rico y con un tiempo de levado relativamente corto. Pero si el tiempo no os preocupa, y queréis tener un pan de sabor intenso, que dure días y días, y que encima se digiera mejor… ¡la masa madre es vuestra opción!
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Y ahora queridos, entramos de lleno en el meollo del asunto. Vale, quiero hacer masa madre ¿cómo lo hago?

Curso acelerado de masa madre 🙂
Queridos, lo que vais a necesitar es lo siguiente
-Un tarro de cristal (yo uso uno de conservas que compré en Ikea, de estos que tienen una goma para cerrar herméticamente, SIN la goma. También podéis usar un frasco corriente de cristal y taparlo con un paño de cocina, o con la tapa agujereada… lo que se necesita es que la masa esté aireada y protegida al mismo tiempo)
-Harina (del tipo que queráis)
-Agua (no la uséis directamente del grifo, mejor si está en una jarra o botella, que repose un poco)
-Una cuchara de madera (hay distintas opiniones al respecto, pero en la mayoría de casos se aconseja que se evite el metal a la hora de remover la masa… yo no he tenido tiempo de investigar más, así que no me ha parecido mal usar la madera)
-¡Tiempo y paciencia! Queridos, ahora que viene el buen tiempo el proceso inicial puede ser de entre 4 y 8 días, con frío va a ser mayor. ¡No desesperéis, poco a poco!

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Foto del día 1

¡Vamos allá!
Durante la primera semana queridos os recomiendo ir despacio, alimentando nuestra masa con la misma cantidad de harina y agua, que en nuestro caso fue basicamente una cucharada colmada. El primer-segundo día puede que no notéis nada, y después veréis que aparecen unas burbujitas… ¡bingo! Ahí está vuestra mascota, jejeje.


Fotos de los días 2-4

Llegado el cuarto-quinto día, podéis marcar con un rotulador la línea que forma la masa en el tarro ¿por qué? Pues porque en breve se producirán las explosiones de crecimiento de la levadura (otra razón para empezar poco a poco, siempre hay que procurar que quede espacio en el frasco -en la mochila lo dejamos siempre a la mitad-). En cuanto veáis que la masa ha subido (puede subir y bajar a las pocas horas, eso está bien), una o varias veces, ya podréis usar vuestra masa madre. ¡Ya está lista!


Fotos de días 7 y 8 (las motitas marrones son del cambio de harina blanca a integral de espelta)

De olores y aspectos
Queridos, el olor es muy característico, es ácido -peculiar- pero no es nada desagradable. ¿Sabéis qué me dijo número uno? “Mamá, huele a como cuando hacíamos vino en casa de los iaios” ¡y es muy cierto! De hecho, y es otra curiosidad, las uvas que se usan suelen llegar con un polvillo blanco que no se debe quitar… ¡es la levadura que fermenta el mosto y lo convierte en vino! ¡Y yo que pensaba de pequeña que era suciedad, y mi padre venga a decirme que no, que no podía limpiarlas antes de pisarlas! XD
También podéis ver una capa de líquido sobre la masa, o entre la superficie burbujeante y el resto. ¡Todo va bien, queridos, seguid con vuestra masa!
Mientras haya burbujitas, la levadura estará contenta 🙂
Eso sí, si aparece moho, o el olor deja de ser un tanto avinagrado para convertirse en olor a descompuesto… ¡tiradlo! Es mejor volver a empezar que lanzar a la papelera una masa que no leva y tiene pinta rara. Que no os preocupe el tema ingesta queridos, que al final en el horno se mueren todos los bichos ¿me explico?

Trampas
Queridos, aunque sólo os muestre una serie de imágenes lo cierto es que inicialmente había dos tipos de preparación. Y ahora os cuento por qué. Quise, en mi afán “científico” ver si podía conseguir tener mi cepa de levadura comercial. Y preparé una masa inoculando esa levadura (de cerveza). Bueno, como al final estaba en un recipiente aireado, la levadura natural terminó por hacerse la dueña del mambo y eliminó a su prima industrial. ¡Naturaleza al poder! Así que ya sabéis, ¡no os va servir de nada hacerme trampas, jejeje!

Conservación
Queridos, como os iba diciendo, al cabo de una semana y media o dos semanas ya tendréis una masa madre perfecta para hacer lo que se os ocurra. Y ahora pasarán dos cosas:
*que os emocionéis -como aquí en la mochila- y la uséis prácticamente a diario (entonces tendréis que aumentar la cantidad de harina y agua haciendo lo siguiente: retiráis una cantidad de masa madre, y reponéis la misma cantidad -o más- para tenerla lista el día siguiente. Yo suelo hacer recetas que requieren una taza de masa madre. Bueno, pues entonces luego añado media taza de harina y media de agua. Y si creo que voy a usar más, pues una taza de cada, y hasta mañana ¡dejando espacio libre en el frasco por si “explota”! 😉 ).
*que os guste preparar masas con la mascota, pero no a diario (fines de semana, o una vez al mes…) Pues queridos, ¡es hora de enviar la masa madre a la nevera! A temperatura ambiente se necesita alimentar la levadura a diario, o morirá. Pero el frío ralentiza sus funciones, la adormece, y puede estar perfectamente un par de meses ahí dentro, quietecita. La única precaución que debéis tener es dejar el frasco como siempre, aireado, y también sacar y alimentar un poco a vuestra masa madre el día de ANTES. Así irá despertando del letargo y cuando vayáis a usarla estará perfecta. Y una vez usada -y repuesta- podéis volver a meterla en la nevera. ¡Tan fácil queridos!
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La vida de la masa madre
Queridos, vuestra masa madre durará ¡lo que vosotros queráis! Preguntando ahora a personas que saben más que yo y que tienen su mascotita, las hay de 4, 6, 10… ¡e incluso de masas centenarias, de su bisabuela!

Animaos queridos, involucrad a los peques si los tenéis (es muy divertido), disfrutad del ritmo pausado de la vida ¡y contadme, por favor, cómo os va!
Y pensándolo ahora… ¿por qué no me enviáis alguna foto? 😉
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La semana que viene, otro post. ¡Con recetas!
Y ya sabéis que me podéis encontrar en Facebook (https://es-es.facebook.com/cuatroenmimochila/) y también en Instagram (@concuatroymasenmimochila), donde iré colgando fotos de nuestras masas favoritas ¡sois libres de pedirme alguna receta en concreto, estaré encantada de compartirla con vosotros!

Como siempre, gracias queridos por estar ahí. ¡Besos mochileros!

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At…chís!!!!

¡Buenas tardes queridos!

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Llega la primavera, pasamos los largos días de lluvia, y apetece estar más tiempo al aire libre. Así que, con toda la ilusión del mundo vamos a un parque, o a pasear… Y al poco tiempo empezamos a notar escozor en los ojos ¿se me habrá metido algo?, se nos cae “agüilla” por la nariz ¿será que los peques me han pegado el virus?, y además, todo nos PICA horrores.

¿Os sentís identificados, queridos? Pues si es así ¡seguid leyendo! Porque probablemente forméis parte del selecto grupo (en cifras generales hablamos del 15-20% de la población) que padece lo que se llama alergia estacional.

¿Qué es eso?

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La alergia estacional, a veces denominada “fiebre del heno” o “rinitis alérgica estacional”, cursa con síntomas alérgicos que ocurren durante ciertas épocas del año, generalmente cuando el moho del exterior libera sus esporas y las plantas (árboles, arbustos y hierbas) liberan diminutas partículas de polen al aire para fecundar otras plantas.

Los sistemas inmunitarios de la gente alérgica a las esporas del moho y/o al polen tratan estas partículas (denominadas alérgenos) como si fueran invasoras y liberan sustancias químicas, como la histamina, en el torrente sanguíneo para defenderse contra ellas. Es la liberación de estas sustancias químicas la que ocasiona los síntomas alérgicos.

¿Y qué síntomas presenta una persona alérgica?

Si desarrolláis un “catarro” cada año en la misma época, en especial si dura más de una semana, es bastante probable que se trate de una alergia estacional. Los síntomas de la alergia, que suelen aparecer de repente y durar mientras la persona se sigue exponiendo a su alérgeno en particular, son: TOS, ESTORNUDOS, PICOR EN NARIZ Y/O GARGANTA, RINORREA (SECRECIÓN NASAL ACUOSA) Y CONGESTIÓN NASAL.

Estos síntomas suelen ir acompañados de picor ocular y de ojos llorosos y/o enrojecidos, lo que recibe el nombre de conjuntivitis alérgica. Asimismo podéis presentar prurito (picor, picor, picor ¡por todos lados!) y enrojecimiento en zonas de piel expuestas, y ¡cuidado! lesiones por rascado. Es muy importante valorar si aparece también sensación de ahogo y sibilancias (ruidos como de pitido al respirar) y acudir al médico sin prisa pero sin pausa ya que este tipo de alergia  puede evolucionar hacia un asma alérgica.

Cuadro con diferencias entre el resfriado común y la alergia estacional (Fuente: google)

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¿Qué medidas se pueden adoptar?

Lo principal, queridos, es realizar un diagnóstico correcto. Es cierto que las alergias estacionales son bastante fáciles de identificar porque sus síntomas reaparecen año tras año tras la exposición a alérgenos estacionales, pero no debemos olvidar que lo primero que debemos hacer es acudir a nuestro centro de salud. Se nos suele pasar por la cabeza correr a una farmacia y que nos den cualquier cosa, en especial si nos pica todo el cuerpo y no paramos de llorar y moquear (ya lo sé, es muy desagradable). Pero cualquier producto que nos apliquemos o tomemos puede enmascarar los síntomas a la hora de realizar una exploración médica, así que intentemos empezar la casa por los cimientos y no por el tejado.

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Puede que nuestro médico ya nos paute un tratamiento y planifique con nosotros el seguimiento, o puede que decida derivarnos al alergólogo quien, con toda probabilidad, solicitará un PRICK-TEST.

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Queridos, esta prueba es un test cutáneo para detectar alergias. Consiste en aplicar una batería de alérgenos en forma de líquido purificado (aplican una gotita tras otra en un antebrazo siguiendo un orden concreto) y pinchar suavemente en esas áreas de la piel. Con esto, se intenta provocar –a pequeña escala- una reacción alérgica. Si es positivo, aparecerá en la zona un enrojecimiento de la zona con un bultito en el lugar del pinchazo, y presentaremos escozor y picor (generalmente en pocos minutos, ¡no os rasquéis, por favor!). Transcurrido un tiempo, se mide y cuantifica las zonas afectadas.

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Digo zonas afectadas en plural, porque se pueden dar alergias a un solo tipo de polen/moho/pelo de animal, pero son casos muy aislados (por desgracia, un 10% de todos los casos).

Con todo esto, se podrá pautar un tratamiento paliativo para la alergia estacional (de momento no existe cura definitiva, aunque en algunos casos –sobre todo en niños- da muy buenos resultados la inmunoterapia (las conocidas como inyecciones para la alergia que buscan la desensibilización al alérgeno, o sea, que nuestro cuerpo no responda de forma agresiva tras la exposición a una sustancia).

Tratamiento farmacológico (medicación)

Hay medicamentos que pueden ayudar a aliviar los síntomas alérgicos: tenemos una amplia gama de descongestivos, antihistamínicos, sprays nasales, colirios…. No me voy a extender más, queridos, ya que la elección de uno u otro debe hacerla vuestro médico, pero sí os recordaré algo que en ocasiones se nos olvida mencionar en consulta. Si os pautan un tratamiento oral, evitad tomarlo con ZUMO. ¡Sí queridos! El zumo interfiere en la absorción de algunos fármacos que alivian los síntomas de la alergia, así que recordad, dejad un margen de una hora (pre y post) toma de medicación y ahorraros pasar unos días malos porque la “medicación no hace efecto, y no sabemos por qué”. ¿De acuerdo?

Otra cosa importante que añadir, y que muchas compañías farmacéuticas venden a bombo y platillo, es que afortunadamente los fármacos para estos síntomas ya no producen la somnolencia y mareos de sus predecesores. Como en todo, se va avanzando, y no tenéis por qué ir dopados todo el día (que bastante tenemos ya con la alergia).

¿Y ya está?

Pues queridos, no. También (entono el mea culpa) se nos olvida muchas veces dar información ÚTIL  sobre el día a día con una alergia estacional. Porque en ocasiones lo que mejoramos tomando medicación lo podemos perder porque no caemos en cuenta a la hora de adoptar unas rutinas que –creedme- marcan una gran diferencia. ¡Apuntad!

1.-Identificar el alérgeno

Saber las plantas/mohos que provocan una reacción y su calendario de polinización facilitará tomar precauciones justo cuando estén en pleno auge. Os dejo un mapa con la distribución nacional de las principales plantas que provocan alergias. (Y recordad, queridos, en la mayoría de casos existe más de un alérgeno).

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2.-Niveles de polen

El recuento de polen mide la cantidad de polen que contiene el aire, de modo que puede ayudar a las personas alérgicas a saber lo malos que podrían ser sus síntomas en un día determinado. Las concentraciones de polen suelen ser superiores por la mañana y en los días cálidos, secos y ventosos e inferiores en los días fríos y húmedos (se nota enseguida cuando llueve, ¿verdad queridos?). Aunque no siempre sean exactos, los recuentos de polen pueden ayudar a planificar las actividades al aire libre. Buscad la página de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC)-Niveles ambientales de polen: https://www.polenes.com; y también encontraréis información en https://eltiempo.es y https://www.aerobiologia.com. Si preferís tener una aplicación instalada en el móvil, existe una gratuita para Android e iPhone llamada “Polen Control”

3.-Exposición

Hay que intentar reducir o eliminar la exposición a los alérgenos. Durante la estación en que se produce este tipo de alergias, se deben mantener las ventanas cerradas, utilizar el aire acondicionado a ser posible y quedarse en interiores cuando la concentración de polen sea alta (ver el punto anterior).

Cuando estemos al aire libre recordemos que es mejor llevar una manga larga finita a pasar directamente a la manga corta y rascarnos como locos. También es importante extremar las medidas de higiene e hidratación de la piel (lavado de manos y ducha con cambio de ropa tras la exposición).

4.- Estrés

Queridos, por último (pero no por ello menos importante)… ¡el estrés mantenido empeora los cuadros de alergia! Daos cuenta que el estrés provoca cambios en prácticamente todo el organismo, incluido por supuesto nuestro sistema inmune (por si queréis saber más, se libera cortisol y un tipo de proteínas que provocan inflamación). Las alergias, como hemos visto, son reacciones autoinmunes (es decir, una respuesta de nuestras defensas para protegernos que al final nos causa daños, y que cursa con inflamación). Y los dos juntos provocan, como ya habréis imaginado, el súper despatarre de las mismas, con más inflamación. ¡Mala barraca, como dicen en mi tierra!

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Así que, queridos, esta primavera intentad poner en práctica estas recomendaciones ¡y espero que notéis la diferencia! Me despido de vosotros no sin antes haceros un par de anuncios…

Lo primero de todo, disculparme y agradeceros vuestra fidelidad. Me está costando encontrar tiempo para escribir y preparar material interesante, y aunque quisiera publicar semanal o quincenalmente, creo que de momento sólo podré llevar el blog con un post al mes.

Y lo siguiente es que ¡va a haber cambio de nombre y salto a instagram! Espero que en los próximos días ya “notéis” algo… jejeje ¡crucemos los dedos para que todo salga bien!

Os espero aquí y en Facebook, con la puerta de la mochila abierta 😉

¡Besos mochileros!

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Un sitio para cada cosa, y …

¡Buenos días, queridos!

Segundo post en nuestra nueva mochila y, como os prometí, vamos a compartir algunos tips post-mudanza, que esperamos os sean de utilidad.

Os iba a contar que en esta última semana me organizo mejor y las mañanas se hacen más llevaderas, porque bebé -¡por fin!- empieza a sestear solito, y también hace un par de tomas en un horario fijo… ¡Y me tendríais que ver ahora! Hecha un siete, con bebé enchufado a la teta y un apaño de cojines para estar mínimamente cómoda y escribir con las dos manos. ¡Eso me pasa por decirlo! 😉

 

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¡Soy muy gafeeeeee! XD

PROYECTOS

En fin, queridos, bromas aparte… Ya empezamos a sentir que éste es nuestro sitio. Los numeritos siguen acusando los cambios, y éstos se mezclan con los procesos propios de la edad dando como resultado unos rebotes de mucho cuidado. Hemos tenido días muuuuuy largos por ese motivo, y estamos desarrollando algunas herramientas para lidiar con ellos, trabajando principalmente la paciencia, la empatía y, sobre todo, el buen humor.

Y nos queda terminar de arreglar un par de cosillas (¿os acordáis de los armarios “decorados” por fuera? ¡Pues están hechos polvo por dentro!), y organizar mejor nuestro horario de entre semana. Sigo teniendo la impresión de que no todo está donde debiera, y que no he sabido motivar e implicar correctamente a los numeritos en las tareas y organización de Villa Gotelé. ¡Y me voy a poner a ello pero ya! 🙂

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Reconozco que los talleres de la semana pasada me han dado un extra de energía e ilusión. Al igual que uno debe buscar el sitio correcto para los objetos de un hogar, también ha de trabajar por encontrar su lugar en la vida. Y en ese sentido me queda mucho por hacer. Ser consciente de lo que significa -y de lo que ha cambiado mi vida- el hecho de ser madre de cinco me ha obligado a plantearme algunas cosas que ya os iré contando, queridos, pero poco a poco…. ¡Dejemos un poco de emoción para el final! 🙂

Y ahora vamos al lío, es decir, a compartir algunos aciertos y errores que hemos cometido durante estas semanas para no volver a repetirlos, y para que vosotros tampoco caigáis en estas trampas.

TIPS DE SUPERVIVENCIA POST-MUDANZA.

1.-Pregunta y anota.

Queridos, cada comunidad, cada ciudad incluso, tiene sus procedimientos, sus trámites… en fin. Son los dichosos papeleos que tanto nos pueden sacar de nuestras casillas, por las gestiones, citas y retrasos que tanto tiempo y energía consumen, pero son necesarios, así que es mejor ir anotando en una lista todo lo que debemos cambiar/actualizar y ponernos a ello. Aquí entran los temas relacionados con el padrón municipal, sistema sanitario, DNI, otras identificaciones si pertenecéis a un grupo con alguna bonificación especial (familia numerosa, jubilado, desempleado, persona con discapacidad), impuestos, y un largo etcétera. Os ayudará mucho hacer una lista con todo lo que soléis manejar habitualmente, y revisar si está en orden. En mi caso, además de todo lo anterior, debía renovar el carnet de conducir, así que aproveché los días que señor marido tenía libres por el traslado.

2.-Tómate tu tiempo para conocer tu nuevo hogar, y alrededores.

Es fundamental saber qué recursos tienes a tu alrededor, y si puedes beneficiarte más o menos de ellos. Así, si surge algún imprevisto, sabrás inmediatamente a dónde acudir. Recorre tu barrio con calma, pregunta a los vecinos, ten claros los servicios que se prestan ¡y úsalos! Os diré que, en nuestro caso, se van a producir cambios próximamente con respecto al centro de salud. ¿Por qué? Por su accesibilidad. Me resulta imposible, creedme, acceder al centro de salud que nos “toca”. Y sin embargo, tengo prácticamente al lado otro, que es el que pretendemos solicitar. Será mejor o peor, pero debo tener en cuenta mis recursos, y que movilizo sí o sí a cinco niños. Siempre.

3.-Descansa.

(¡Meeeeec! Primer error). Vale, queridos, todo es nuevo, todo está patas arriba… Y nos entran unas prisas terribles por tenerlo todo colocado, y solucionado. ¿Conclusión? Terminamos exhaustos, y perdemos los papeles. Mirad, y sé que os lo digo y que me volveré a estampar con esta pared, porque al fin y al cabo tengo un bebé que no duerme muy allá, este punto es FUNDAMENTAL. No pasa nada si tardas un poco más en gestionar los trámites, o si queda alguna caja por abrir. No pasa nada si dices “no” a los amigos o familia que, con toda la buena intención del mundo, intentan rellenar tu tiempo con otras actividades. No pasa nada si algún día olvidas una cita, o algún libro para el cole. A la fuerza, a las malas, he vuelto a comprender que los días en los que estoy zombie son días perdidos.

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¡Hábitos saludables, queridos! Descanso, comida sana, y ejercicio… 😉

4.-Socializa/tiempo para ti.

Muy relacionado con el punto anterior. Si ya tienes amigos, o familia, aprovéchate. Busca un ratito, habla, desahógate con ellos. Deja que te echen una mano. Comunícate. Y si no, empieza a relacionarte con vecinos, con compañeros de trabajo, padres del cole… Si tu trabajo es como el mío, de los de 24 horas al día 365 días al año, necesitarás una conversación con adultos como agua de mayo. Y también unos minutos al día para hacer lo que quieras, a solas o acompañada. TU TIEMPO, para algún caprichín, o algo que te motive y recargue tus pilas. Seguro seguro que adivináis cómo voy de tiempo para mí, ¿verdad queridos? ¡En efecto, meeeeeeec, error!

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5.-Gestión de tareas/energía.

Este punto es muy interesante, y llevo una temporada intentando desarrollarlo en la mochila. Veréis, por muy organizados que seáis -seguro más que yo- y por muy estructurado que esté todo, siempre pueden surgir imprevistos, o que notéis que vuestro nivel de energía no es constante a lo largo del día. ¡Qué le vamos a hacer, somos humanos y no máquinas! Lo importante, es conoceros y saber en qué momento estáis sobrados o faltos de energía. ¿Para qué? Para adecuar las tareas a vuestro biorritmo. Es como cuando nos tocaba hacer los deberes, y nos recomendaban empezar por algo intermedio, ir luego a lo difícil -por estar ya en marcha y “frescos”- y finalizar con lo sencillo, cuando ya el cansancio hacía mella. Igualito, igualito.

6.-Acepta y perdona.

Por último queridos, no os fustiguéis. Por lo que os comentaba en el punto anterior. Somos humanos. Nos vamos adaptando. Cometemos errores. Pero el error más grande que podemos cometer es dar y dar vueltas a nuestros fallos. Es momento de aceptar, de aceptarnos, y de tomar el control y avanzar. Recordad que no somos nuestros pensamientos, ésos van y vienen, cambian, se crean, desaparecen… nosotros somos algo más, y por tanto, tenemos la capacidad de modificar todo aquello que nos ronda la cabeza y que puede generar tanto sentimientos como acciones. Os animo en este punto a practicar algunos ejercicios de mindfulness, alguna práctica informal -o formal pero cortita-, para que le pilléis el truco y el gusto a esto. A conocernos y, sobre todo, a no juzgarnos -y por ende, a no juzgar a nadie-.

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Os dejo un vídeo de “Un bosque tranquilo-mindfulness para niños”, que me encanta, para que aprovechéis este fin de semana… ¿lo haréis?

¿Qué os parecen estos tips, queridos? ¿Añadiríais alguno más? De momento lo dejamos aquí, por no extenderme  ¡y porque toca salir corriendo para el cole! Ya no con la lengua fuera -¡gracias a Dios!- y con la alegría de saber que hemos pasado de sobrevivir en la mochila, a vivir en ella. ¡Una nueva etapa comienza!

Nos vemos muy pronto queridos,  ¡muchos besos mochileros! 🙂

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Un día en la mochila.

¡Buenos días queridos!

Llevamos un mes en la nueva mochila, y os debía ya un post de este tipo para contaros  qué tal nos va.

No os negaré que han sido unas semanas muy duras, con el trajín de la mudanza, la adaptación -todavía estamos en ello-, y un gripazo que nos tuvo al límite la semana pasada. Cualquier cambio puede resultar agotador, y con la mochila llena… pues os podéis hacer a la idea.

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Pero bueno, aun con todo eso, estamos muy contentos con el cambio y con lo que puede suponer para nosotros a medio y largo plazo. ¡Todo esfuerzo vale siempre la pena queridos!

La vida por aquí tiene dos bloques muy diferenciados, por una parte las rutinas de entre semana, y por otra los fines de semana. Esta semana será excepcional, porque romperemos un poco con este esquema ¡y nos iremos al pueblo! La única pega es que señor marido se queda  😦  ¡En fin!

Si os tuviera que describir cómo es nuestra rutina lunes-viernes queridos, os diría que básicamente es andariega. ¡Y lo váis a entender enseguida!

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Si nos seguís por facebook, os comenté que los numeritos van a un cole un tanto peculiar. Es un colegio con dos centros, el de infantil, y el de primaria y secundaria. Bueno, pues si ya la distancia mochila-colegio es de poco más de un kilómetro -media hora andando-, la existente entre los dos centros es de más de 300 metros -unos 10 minutos-. Tenemos jornada partida, y comen en casa… ¿Ya lo habéis calculado?

¡Queridos, pues yo encima tardé unos días en darme cuenta de que en mi caso es el doble de tiempo! ¡Las agujetas no me dejaban ni pensar!

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Un, dos, un dos…. ¡A correr!

Y si yo estoy cansada, imaginad los numeritos… reventaícos los tengo. Y tuve que encontrar una solución intermedia de transporte, o sea, llevar la silla de paseo cuando les recojo, para cargar a número tres y cuatro. Eso ha tenido su consecuencia, una lesión en el brazo izquierdo, pero de momento es lo mejor que puedo hacer. La semana pasada, con los numeritos más descansados, intenté ir sin silla. ¡Craso error! Número cuatro se enrocó, tuve que cogerla literalmente en volandas porque perdimos mucho tiempo intentando pactar con ella y llegábamos tarde, ¡y encima me paró una señora para echarme una buena bronca! Muy desagradable, queridos, y una buena lección. ¡No sin la silla! Como en todo, lectura positiva: ¡por la noche duermen súper bien!

Me habéis preguntado por la mochila-móvil (o sea, la furgo) y la posibilidad de ir en coche al colegio, y lo hemos hecho en condiciones climatológicas adversas… porque a diario no nos compensa. Subir a los numeritos, callejear, ir a un centro, medio aparcar la furgo, dejar a dos, volver a callejear, llegar al otro centro, lanzarlos sin aparcar, y ya luego volver a casa… Es una pesadilla, y tardamos casi más tiempo, creedme.

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Bueno queridos, básicamente con los desplazamientos cubrimos media mañana y parte de la tarde. Divertido y saludable ¿verdad? Y el tiempo que nos “sobra” lo dedicamos a bebé -cada día más grandote, alegre y juguetón-, a terminar de hacer gestiones (¡pronto un post con tips post-mudanza!) y a poner al día “Villa Gotelé”.

Villa Gotelé es la nueva mochila, y la hemos bautizado así por motivos más que obvios. Mires por donde mires… gotelé. Si ya estaba bien con poner gotelé en las paredes, aquí también lo encuentras en los techos ¡y en las puertas de los armarios! Es alucinante, os lo digo en serio. Baño (sí queridos, UN único baño) y cocina se libran, pero no me extrañaría despertarme un día y ver que se han contagiado, jejejeje.

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Queridos ¡soñamos con gotelé! XD

Y os tengo que decir queridos que, si bien al principio nos asustaba un poco la idea del baño (por temas de privacidad, y por si algún día nos pilla con la tripa revuelta ¡al fin y al cabo somos siete!), la verdad es que tampoco es para tanto. Señor marido le dio muchas vueltas al tema de la solución habitacional… y le doy un diez. No pudo elegir mejor. Obviamente no es un piso para vivir una larga temporada (así que nos esperan más mudanzas, ¡no os lo perdáis queridos!), pero es muy práctico y muy alegre, y justo en la zona que queríamos. Tras doce años de vida en común, y dos localidades fantásticas a nuestras espaldas, buscábamos un lugar familiar -difícil en la gran urbe-, y lo hemos conseguido. Nuestro barrio es un barrio humilde, de los que llamaban “obrero”, con edificios con solera como el nuestro, con vecinos que se conocen desde hace cuarenta años, y que te tratan con un respeto y una amabilidad fuera de lo común. ¡Es tan parecido a nuestro antiguo edificio, que una no puede dejar de sentirse agradecida y afortunada!

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Y el colegio… ¡ay, el colegio! ¡Ahí sí nos ha tocado la lotería queridos! Llegamos un poco de rebote, porque fue el único en todo Madrid que tenía plazas para los numeritos. Y veníamos de un centro excepcional. Yo tenía miedo, queridos, no por el centro y por su filosofía, sino por la adaptación de los numeritos a una forma distinta de enseñar y a unos compañeros nuevos.

El tema uniformes ya supuso un shock para ellos. Sí, uniformes, porque elegimos un centro católico concertado, eso era prioritario para nosotros. Del bilingüismo se enteraron después, cuando vieron los libros nuevos. Pero en lo demás, nos dieron toda una lección. Queridos, es verdad que añoran su antiguo cole y a sus compañeros. Número uno incluso envió una carta a su antigua clase, y el resto lo hará próximamente. ¡Es natural, son muchos años juntos! Aún así, se han adaptado con una rapidez asombrosa. El cole se presta mucho a ello, por su tamaño y por la calidad del equipo docente. Han captado las necesidades de cada uno, especialmente las de número tres -os lo contaré otro día, os lo prometo queridos-, y han conseguido que la transición fuera lo más sencilla y respetuosa posible.

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¡Y ahora me toca a mí! Sí queridos, me está costando un poco cambiar el chip. Mi mundo se ha vuelto patas arriba, y estoy en proceso de reseteo… Horarios nuevos, formas de aprovechar el tiempo distintas, y una que no es tan flexible y abierta de mente como sus vástagos. ¡Pero voy avanzando queridos! Cojeo un poco en el tema socializar, tema muy importante en la vida escolar, aunque progreso adecuadamente en organización e incluso en formación ¡la semana que viene impartiré dos charlas sobre mindfulness a alumnos de ESO, y estoy emocionadísima! De momento me pongo un bien, a ver si para el mes que viene saco mejor nota 😉

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Poco más me queda que contar queridos. Son las once de la mañana, voy pitando a preparar la comida y dejarlo todo listo ¡porque salimos a la carrera a las doce! Gracias por vuestra comprensión, por todo el apoyo y cariño que estamos recibiendo, y por seguir ahí. ¡Besos mochileros!

 

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La mochila más mochilera

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¡Buenas tardes queridos!

A lo largo de los últimos 15 años la mochila se ha ido moviendo de un lado a otro por este hermoso país. Hemos vivido en el norte, en el centro, en el sureste… y ahora mismo, en el este.

Y, sinceramente, creíamos que la mochila iba a dejar paso a algo más estable. Es lógico ¿verdad? Con tantos “inquilinos”, se nos hace cada vez más complicado coger la mochila y retomar la ruta de la vida.

Pero también sabemos que nunca hay que dar las cosas por sentado, y que la vida te da sorpresas ¿eh, queridos?

Pues ahí va la noticia: ¡la mochila vuelve a la carga! En poco menos de un mes la dejaremos colgada en otro perchero, en otra ciudad.

Decir que en estos momentos nuestra vida es trepidante, es decir poco. A fecha de hoy, lo único que tenemos claro -tras varias semanas de entrevistas, llamadas y solicitudes denegadas- es el cole de los numeritos. Y algunas cajas preparadas. Y ya.

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Señor marido, viajando sin parar y visitando pisos. Y una servidora, intentando empaquetar y cerrando asuntos importantes. ¡Y aprendiendo de todo el proceso!

Y hoy, queridos, quiero compartir con vosotros algunas cosas que hemos aprendido con las siete mudanzas (contando esta) que llevamos a nuestras espaldas. ¡Va a tener razón mi abuela cuando nos recomienda una autocaravana para vivir! 😂😂😂

TIPS MOCHILEROS PARA SOBREVIVIR A UNA MUDANZA.

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1.-Antes de la mudanza…. ¡despeja! Queridos, una mudanza es una ocasión ideal para hacer limpia, pero bien hecha. Lo que se llama “decluttering” en inglés, y quitar los trastos de en medio en castellano. Si seguís a Alicia Iglesias (organizadora profesional), es lo que ella llama un “sin piedad”. Todo aquello que esté estropeado, o que no usemos desde por lo menos un año, fuera, FUERA. ¡Sea lo que sea! Si os da pena tirar (separando residuos, por favor), plantearos donar. Éso os subirá la moral. Y si se trata de algún producto/mueble, etc que se pueda vender, no lo dudéis. Os quitáis un trasto, y ganáis algún dinerillo.

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Foto: bolsa con libros (que me sé de memoria), directa a la biblioteca municipal.

2.-Cajas, cajas, cajas. Queridos, es fundamental hacer buen acopio de cajas. Y no tiene por qué suponer un gran gasto. Preguntad en las tiendas, y que os den unas cuantas. ¿Algún tipo en concreto? Pues las de botellas de productos de limpieza son geniales, por su tamaño y porque tienen olor a limpio impregnado. ¡Preguntad en droguerías y tiendas multiprecio! Con eso, y unos cuantos rollos de cinta adhesiva, lo tenéis casi todo hecho.

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Foto: cajas de mi farmacia habitual (¡gracias!)

3.-Anota. Queridos, tan importante es tener cajas como un buen sistema de llenado. Aquí, dos puntos importantes. No mezclemos cosas de habitaciones distintas en una caja, y anotar muy bien su contenido. A la hora de llegar, descargar y recolocar, siempre será mucho más sencillo.

4.-Ayuda. Siempre va bien tener un par de manos extra, y en el caso de una mudanza, mucho más. Sobre todo si movéis muebles voluminosos, o si tenéis que desmontarlos. Organizad algún picoteo, tened bebidas fresquitas en la nevera, u otro detallito, y puede que los familiares/amigos no pongan demasiadas pegas. También va bien contar con ayuda si hay niños pequeños… ¡que los cuiden y entretengan mientras empaquetáis es todo un lujo!¡Y lo mismo a la hora de desembalar! En la mochila siempre intentamos que participen, pero no olvidamos que una mudanza es una tarea bastante tediosa, y que se pueden cansar y/o aburrir.

5.-Transporte. Una buena alternativa (si vamos en modo ahorro) a las empresas de mudanza es el alquiler de vehículos, si vemos que en el nuestro no caben nuestros enseres, y no contamos con ayuda ¿algún propietario de camionetas por aquí, queridos? 😜

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Con una buena búsqueda por internet encontraréis una increíble oferta de empresas de este sector. Mirad muy bien los precios y las condiciones, y elegid lo que mejor se ajuste a vuestras necesidades.

6.-¡Fiesta! Queridos, para minimizar todo el estrés que supone ir con cosas de arriba para abajo, quitar y poner, y un largo etcétera, nada mejor que motivarnos con alguna pequeña recompensa, que nos podemos dar antes, durante, y después. En la mochila, sobre todo pensando en el desembarco, estamos preparando una fiesta de llegada a nuestro nuevo hogar. ¡Y sin presión! Ya podemos visualizar las habitaciones vacías, un buen montón de cajas por doquier, a escasas horas de retomar trabajo y curso escolar. Alentador, ¿verdad queridos? 😅¡Pues ya que está en nuestra cabeza, hagamos un buen uso de ello, que sea nuestro aliado y no nuestro enemigo! ¿Cómo?

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¡Fiesta-campamento de bienvenida! Montaremos el campamento base en el salón, con los sacos de dormir, preparando comidas sencillas y apetecibles para ese día, y sólo prepararemos lo necesario para el día siguiente. ¡Poco a poco! Ya tendremos tiempo de organizar el resto… eso sí, con un buen plan.

7.-¡Ya estamos aquíiiii! Queridos, ya por último, tengamos previsto un mínimo orden para ir vaciando cajas. Prioricemos cocina-limpieza y baños, y algo de ropa para empezar. Y lo demás, a un ritmo que no acabe con nosotros. ¡Ah, y una precaución muy básica y muy útil! Caja que entra en la nueva casa, caja que va directamente a su destino. Si lo vamos acumulando todo en una habitación, a la hora de separar y organizar se pierde mucho tiempo ¡palabra! Por eso el punto tres es tan importante… ¡cada cosa en su sitio a la primera!

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¿Cómo lo veis, queridos? Puede parecer mucho, de hecho, deberíais ver la mochila ahora mismo, jejeje. Pero al final no lo es. Cabeza fría, tirar de papel y boli (o de rotulador en la caja), y pasito a pasito. El corazón lo dejaremos dormir un poco, y nos centraremos en la ilusión que acompaña al cambio. Emocionados, agradecidos por estos últimos siete años de nuestra vida, y por los cuatro numeritos nacidos aquí… Por los amigos que, pese a la distancia, nos seguirán acompañando. Y por todos vosotros, por sentiros -estemos donde estemos- siempre tan cerca.

Queridos, dadas estas fechas, aprovecho para desearos una muy Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo. Nosotros ahora nos “desconectaremos” un poco, ya que tenemos que afrontar un sprint final la mar de intenso. ¡El 8 de enero empieza nuestra nueva vida! Y la mochila debe afrontar muchos cambios. Como siempre, continuaremos activos en Facebook, donde iré contándoos cómo va todo, con fotos y algún truquillo que haya dejado en el tintero. Y para el año que viene… ¡los cambios de la mochila se notarán también por aquí! Intentaremos mejorar el blog, estructurarlo un poco más, y hacerlo más participativo. Tengo muchas cosas en mente, ¡preparaos, queridos! 😊

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Besos mochileros…

 

 

 

 

 

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Lágrimas…

¡Buenos días queridos!

Bueno, después de una larga ausencia, volvemos a la carga. Y con ganas, queridos, porque esta entrada me parece importante e interesante, sobre todo para los recién papás, y para todo aquel que esté cerca de ellos.

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Hoy os quiero hablar de la tristeza postparto (en algunos sitios también se llama melancolía de la maternidad y “baby-blues”), y fijaos en el dato, puede afectar al 30-80% de las madres… ¡o sea, a un montón!

Este periodo de tristeza suele empezar sobre el segundo-quinto día después del parto, y generalmente se resuelve a las dos semanas. Factores muy importantes en el desarrollo de este estado: primero y principal, las hormonas. ¡Otra vez ellas! Con el parto se produce una disminución muy brusca de las hormonas que tan a tope estaban en el embarazo, y esto se debe entre otras muchas cosas al desprendimiento de la placenta. Es verdad que, si se instaura la lactancia materna, tendremos un montón de oxitocina a nuestra disposición (ya lo notaremos, ya, queridas, con los entuertos y las subidas de leche), pero de momento, lo que hay, es un tremendo bajón hormonal que tiene sus efectos.

Otro factor es la deprivación o falta de sueño ¡ay, reconozco que para mí ha sido muy difícil “acostumbrarme” otra vez al sueño interrumpido, ya que soy particularmente sensible -que me pongo de muy mala leche, vaya- a la falta de sueño! Son muchas las noches largas, y lo de “duerme cuando lo haga el bebé” a veces no es posible… ¿Estamos de acuerdo, eh queridos?

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¿Más factores relacionados con este “baby-blues”? Mirad, lo voy a resumir bien resumidito: la falta de apoyo. Ahí entran los problemas con la instauración de la lactancia, los problemas con la alimentación materna y su cuidado en general, los derivados del cuidado del bebé, los problemas de conciliación…. Porque no es fácil sentirse bien cuando te duelen las tetas, no has probado un plato de comida caliente en días, y llevas horas esperando que el bebé se duerma para ducharte (es un ejemplo, ¿vale?, pero es real como la vida misma. Y si añadimos que el bebé necesite una atención especial -queridos, el pasado 17 de noviembre fue el día del prematuro, por no hablar de los peques que padecen enfermedades-, pues para qué más.

Pero van pasando los días, vamos conociéndonos bebé y padres, vamos adaptándonos a los cambios, pidiendo ayuda… y al final del primer mes parece que se ve la luz.

¿Y qué pasa, queridos, cuando ésto no ocurre? ¿Y si van pasando las semanas y no me encuentro bien? ¿Seré una mala madre por no sentirme pletórica y llena de felicidad?

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Pues querida, seguramente lo que esté pasando, en especial si sientes que esa tristeza aumenta de intensidad y se acompaña de más síntomas -que ahora veremos-, es que padeces la llamada depresión postparto.

¿Qué es la depresión postparto?

La depresión postparto se define como un estado de ánimo notablemente bajo, y que afecta a mujeres en el periodo de postparto. En cifras, los síntomas depresivos postparto clínicamente significativos se estiman entre el 7% y 19%. En torno a una tercera parte de la “depresión posparto” comienza en el embarazo y alrededor de una cuarta parte empieza antes del mismo.

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Para que se pueda diagnosticar una depresión (con el apellido que sea) deben aparecer al menos dos de los siguientes síntomas, y estar presentes no menos de dos semanas.

Los síntomas más frecuentes son:

  • Estado de ánimo depresivo en un grado que no es normal para la persona, presente durante la mayor parte del día, influenciada en gran medida por las circunstancias.
  • Pérdida de interés o placer en actividades que normalmente son placenteras.
  • Disminución de la energía o el aumento de la fatigabilidad.

Y también podemos encontrarnos con los siguientes:

  • Pérdida de confianza o autoestima.
  • Sentimientos irracionales de autorreproche o culpa excesiva e inadecuada.
  • Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio o cualquier conducta suicida.
  • Reducida capacidad para pensar o concentrarse, como indecisión.
  • Cambios en la actividad psicomotora, agitación o enlentecimiento.
  • Trastornos del sueño de cualquier tipo.
  • Cambios en el apetito (disminución o aumento), con el cambio de peso correspondiente.

(Del CIE-10)

Como siempre, queridos, ante la aparición de estos síntomas, debemos acudir a nuestro médico de atención primaria, para que pueda descartar una causa física de este estado y para que nos pueda hacer un tratamiento y seguimiento correctos.

Y esto resulta fundamental, porque tanto la tristeza postparto como la depresión postparto están infradiagnosticadas. Fijaos, según un estudio sólo el 15 % de mujeres que presentan síntomas de depresión postparto acuden a su médico para una valoración. Y si ya es importante que pidamos ayuda en momentos de bajón (como puede ser esta tristeza o “baby-blues”), más lo es cuando estos síntomas interfieran en nuestra vida diaria y en nuestro entorno, que es lo que pasa cuando aparece una depresión.

Tened en cuenta también que los papás también pueden presentar estos síntomas, por lo que no hay que bajar la guardia. ¡La depresión/ansiedad/cualquier trastorno mental tiene tratamiento! Y cuanto antes se pueda evaluar y tratar, mejor. Tenemos a nuestra disposición una red de salud mental accesible, y también unos profesionales de atención primaria cualificados, que muchas veces pueden hacerse cargo de estos problemas. ¡Queridos, tenemos apoyo! Sólo hace falta reconocer que lo necesitamos, y pedirlo.

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Con respecto al tratamiento, hacer un apunte (porque es algo que me han preguntado muchísimas veces, y que ocasiona que no se traten estos síntomas a tiempo). Queridos, la medicación da miedo, más en el periodo de embarazo y lactancia -paracetamol y nada más, por si acaso-. Pero tened en cuenta que los fármacos no son el único tratamiento que existe en salud mental. El tratamiento psicológico es fundamental, y en ocasiones, el único que se pauta. Y si en algún momento se necesita de un soporte farmacológico, no dudéis que su uso será bien fundamentado, valorando bien los beneficios y riesgos, y siempre consensuado con vosotros.

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Por último queridos, un breve resumen con recomendaciones basadas en mi humilde experiencia…

1.-Acepta el cambio. No busques la perfección ni te compares con nadie. Vas a pasar un periodo difícil, y es normal que te puedas sentir más vulnerable. Y eso no es malo. Analiza qué hace que te sientas así e intenta buscar una solución. (En mi caso, fundamental recuperar sueño y mejorar de mi anemia postparto, así que tiro de señor marido después de dar el pecho, y de las botellitas de hierro durante una buena temporada -agh-).

2.-Prioridades. Lo primero eres tú. Sí, y no el bebé. Si tú no estás bien, tu bebé tampoco lo estará. Y no es egoísmo ni nada por el estilo. Es supervivencia. Debes alimentarte bien, descansar, tener una correcta higiene. Que no te dé palo pedir ayuda en casa (acuérdate del post de la horita corta, ¡que te traigan un tupper con sopita calentita!). Habla con tus familiares y amigos de confianza, busca también un hombro sobre el que llorar si lo necesitas… ¡No te cortes! Y si crees que tus emociones te sobrepasan, acude a tu médico.

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3.-La maternidad es algo único e irrepetible. Aunque sea tu quinto hijo 😉 puedes tener dudas, se pueden presentar cosas nuevas… Lo que va a aparecer siempre siempre (por desgracia) es la opinión nunca pedida, la persona que te diga algo desafortunado, bueno, ya sabéis, el que con buena o mala intención te pueda amargar el día. Quizá sea yo ahora mismo, porque -al fin y al cabo-, lo que estoy escribiendo ahora son opiniones, recetillas de ir por casa. Pues querida, querido, coged de todo esto sólo lo que os interese, y el resto ¡a freír espárragos! Y si tenéis dudas, lo mejor es acudir a un buen profesional.

4.-Ríete. Mirad queridos, siempre hemos visto las emociones como algo que nos viene dado y que sólo en algunos casos podemos controlar. Nada más lejos de la realidad. Podemos mejorar nuestro estado de ánimo con pensamientos, con miradas, con una adecuada posición corporal (si no, buscad a mi querida Elsa Punset, y las “poses poderosas”). Y también con juegos. En este caso, os recomiendo a todos, postpartos o no, este juego: se llama Baby-Blues, y básicamente se trata de cuidar a tus bebés, y de hacerle jugarretas a los bebés del de enfrente. ¡Risas garantizadas! Y también se quita mucho hierro al asunto, que al final la vida son dos días y mejor pasarla achuchando, besando y siendo feliz.

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(Imágenes fuente google)

¡Gracias queridos por vuestra paciencia, por saber esperar, y por vuestra compañía! Nos vemos muy pronto en esta mochila… ¿o quizá en una nueva? 😉

 

 

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Una hora corta…

¡Buenos días queridos!

Nos arrancamos hoy en la mochila con un post cortito, y muy felices ¡objetivo cumplido!

Hemos conseguido llegar a la semana 36 de embarazo, lo que significa que -aunque sea prematuro- todos sus órganos funcionan perfectamente. ¡Así que puede nacer sin demasiados problemas!

No obstante, sigue siendo muy pequeño, así que intentaremos estar en plan tranquilo… ¡su mejor incubadora sigo siendo yo, hasta las 38 semanas!

La maleta.

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Queridos, queridas, si vais a ser papás y si no hay antecedentes de prematuridad de por medio, esta semana es un buen momento para dejarlo todo preparado. La bolsa para llevar al hospital con lo imprescindible (tampoco os llevéis un maletón para un mes, sed prácticos ¡y si os dejáis algo, siempre podéis pedir a alguien que os lo traiga u os lo compre!), y también la casa preparada para la inminente llegada. En la mochila ya hace un par de semanas que está casi todo listo, y de hecho estamos aprovechando esta semana para adelantar faena… ¿queréis saber cómo?

Básicos.

Queridos, lo más importante ante la llegada de un recién nacido es cubrir las necesidades básicas: comida, sueño, vestimenta/higiene. Y eso tanto para el bebé como para la mamá. Los primeros días son días de conocerse, de adaptarse, y de mucho cansancio y sueño. Tener la nevera/congelador lleno y con comida y bebida “lista para servir”, ropa cómoda y limpia disponible, y sobre todo tener la tranquilidad de no necesitar salir pitando para comprar cosas de última hora, es una maravilla queridos. Papá, mamá y bebé necesitan mucha intimidad y calma, y si hay hermanos también necesitan tiempo para presentar al nuevo miembro de la familia y adaptar las nuevas rutinas a la marcha habitual del hogar.

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Foto: es importante evitar un estrés sobreañadido al puerperio dejando cuantos más temas cerrados mejor… ¡Lo más importante es cuidarnos y atender al bebé! 🙂

Por eso, intentad durante los últimos días/semanas de gestación no dejar cosas pendientes: lista de productos pensada, redactada y comprada. Colada, menús, ayuda externa… todo preparado, guardado, etc. Habitación, cuna, bañera, transporte… ¡listo! Los eventos del próximo mes (que ya viene el cole, y en el caso de haber hermanos mayores van a necesitar material, o tendréis reuniones antes de comenzar…) anotados y organizados. Un “tip” queridos, para esos días ¡no confiéis en vuestra memoria! Como os decía antes, son días muy intensos, de sueño, puede que alguna que otra molestia física, de embelesamiento total ante la maravilla de criatura que tenemos al fin en nuestros brazos. ¡Se nos va a olvidar todo! Tirad de listas, de post-it en todos lados, de alarmas en el teléfono ¡y de ayuda fuera de casa!

Hermanos.

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Mirad queridos, ante la inminente llegada de un bebé, y sobre todo cuando ya esté en casa, se pueden presentar en los hermanos cambios conductuales, los tan conocidos celos… que a los padres nos angustian un montón, pero que son normales -y comprensibles, si nos ponemos en su piel-. Pocas semanas antes del nacimiento ya podréis observar si tenéis más hijos, que suelen estar más atentos y mimosos que de costumbre. Vaya, que se te pegan como a una lapa, como hace años que no lo hacían. Incluso si son pequeños pueden aparecer pequeñas “regresiones”: querer dormir con los papás, pedir chupete o teta, o pañal…. en definitiva, sentirse más arropados. Es un buen momento para explicar lo que va a suceder en los próximos días o semanas, adaptándolo a la edad de cada uno. También cómo será la vida en casa cuando nazca el bebé, explicar si va a nacer en el hospital o si no, y qué se espera de ellos como hermanos mayores. Es muy importante que se sientan partícipes y que sepan que son muy importantes para vosotros. Y que les queréis mucho mucho mucho, como les quiere también el recién nacido. En ocasiones es una buena idea preparar un detallito, un regalo para el hermano mayor, de parte de su hermanito pequeño. Y pedir a la familia que os ayude prestando más atención al miembro “veterano” de la casa.

Visitas.

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Queridos, en este punto, quizá por experiencias anteriores y por deformación profesional, una ya se vuelve un poco radical. Nunca me han gustado las visitas al hospital, y si he acudido han sido muy muy breves y con un propósito: llevar algún producto/documento necesario, consolar, alegrar durante unos minutos. Y ofrecerme para los días de recuperación en casa. Ni hablar de coger una silla (salvo que sea familiar acompañante) ni tampoco dejar que pasen las horas. Bastante tiene uno como para poner buena cara para que no se molesten las visitas. Pero, como os digo, es mi opinión. Es verdad que en ocasiones uno se aburre mucho en el hospital, más si es por un ingreso “sin enfermedad” como puede ser un parto. Pero también os digo que hay partos y partos, y que cada madre se recupera y se adapta a un ritmo distinto. Y eso hay que respetarlo.

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Si nos llaman y nos ofrecen la posibilidad de acudir al hospital para ver a la nueva familia, ¡fenomenal! Preguntemos siempre si necesitan algo, y sobre todo, cuándo es un buen momento, para evitar coincidir con más personas. Pero si no hay una invitación explícita, esperemos al menos una semana para “concertar una cita”. ¡Que siempre nos pondrán al día vía redes sociales, no seamos ansias!

Un breve inciso… Como veis, hablo del hospital constantemente, quizá porque sea nuestra opción, y también la más habitual, pero no es la única. Esto también aplicaría en el caso de dar a luz en casa, y en caso de duda, imaginad que no están en casa los primeros tres días, que es más o menos la estancia media hospitalaria si no hay complicaciones. ¡Sentido común!

¡Pásame al bebé!

Queridos, esto es muy importante, y casi nunca lo tenemos en cuenta. Mamá, papá y bebé son una burbuja los primeros días. ¿Qué quiero decir con eso? Recuerdo muy bien el consejo que nos dieron, cuando nació número uno, en el hospital. El recién nacido no tiene todos sus sentidos desarrollados (ya sabéis que ve fatal los primeros meses, por ejemplo), y se guía sobre todo por el olfato. Y además, no sabe que está separado de su mamá, son muchos meses de contacto, de calor, de escuchar su corazón, su voz… Para que esté bien, debe seguir pegado a ese entorno tan conocido, el de papá y mamá. Pasar de brazo en brazo, cada uno con una voz, un perfume, entenderéis que pueda causar inquietud y malestar en el bebé, por no añadir más cosas. Así que no debemos toquetear a los recién nacidos ni cogerlos en brazos (salvo que sean los nuestros), y como padres tampoco debemos permitir que lo hagan.

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¿Ayudas?

¡Sí, se necesita mucha ayuda los primeros días! Pero hay que saber darla…

Las manos, llenas de comida y bebida, de ropa limpia, de fregona y estropajo. Ésas manos sí ayudan, ésas manos sí comprenden la tesitura de los nuevos padres (y de los no tan nuevos). La cabeza, alerta para detectar el mínimo signo de cansancio y despedirse, o para apuntar la lista de compra o para hacer gestiones fuera de casa. Ésa es la verdadera ayuda, queridos, y quizá por nuestra cultura o por nuestra forma de ser, es la menos frecuente. Nos “sabe mal” pedir estas cosas. Parece que si no está todo súper organizado, limpio, preparado para visitas, si no ofrecemos nosotros las cosas, como que no “tratamos adecuadamente” a las personas que vienen a vernos. Sobre todo nos pasa a las mamás, que en ocasiones nos presionamos demasiado para “quedar bien y que nadie se moleste”. Así que, como visitas, tomemos la iniciativa. Un buen tupper de caldo, o cualquier comida que le guste a la mamá. Un periódico para el papá. Un repasito rápido a la cocina, así como si nada… Y un besito hasta el próximo día.

En resumen:

Queridos, queridas, es un buen momento, antes del parto, de plantearnos qué queremos y cómo queremos hacer las cosas. Y a quién queremos a nuestro lado y durante cuánto tiempo. Sorpresas tendremos seguro, pero recordemos que la prioridad es el recién nacido, no las convenciones sociales.

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¿Cómo lo tenéis que hacer si estáis esperando ese momento? Queridos, no os lo puedo decir. Dependerá de vuestra forma de ser, de vuestra experiencia previa, de cómo se desarrolle todo…. Hay demasiados factores, pero sí hay algo que nos ayuda a todos: haced lo que os resulte más cómodo. Lo que os haga sentir bien, a gusto. ¿Queréis quedaros con vuestros padres hasta que todo se normalice? Bien. ¿Sois de los que opina que cada uno en su casa? Bien. ¿Necesitáis ayuda profesional para que acuda a casa durante unos días y os asesore/cuide? Fenomenal. No hay una receta universal, como en casi todo lo concerniente a la maternidad. Opiniones muchas (y la mayoría no ayudan), opciones, sólo las que queráis.

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Y hasta aquí, queridos, este post que se ha alargado más de lo que quisiera. Futuras mamás, aprovechad y vivid con mucha ilusión estos días, y cada momento. ¡Es una ocasión única! Resolved las últimas dudas que os queden y conectad con vuestro bebé… En el momento oportuno llegará, y os llenará de felicidad. Recién mamás y también papás, vivid cada minuto, por muy extenuante que sea ¡no volverá! Cambian, crecen, muy rápido. Y disfrutad ¡y pedid por esa boquita! Que no os falte nada, ni una botellita de agua, ni un buen abrazo.

Os esperamos en breve, con cinco en la mochila. ¡Gracias por acompañarnos!

Y permitidme que insista… jejeje

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Fuente fotos: google (gracias mamiclic y guiainfatil) 🙂

 

 

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